Elisa Yuste (Mejor en verde): "Sumar fuerzas es imprescindible para el desarrollo de una sociedad lectora"

¿Cómo surge el proyecto “Mejor en Verde…” y cuál es su propósito final?

Descubrí la magia y la importancia de la literatura infantil y juvenil (LIJ) de adulta y, desde que lo hice, no he parado de disfrutar de su lectura y de compartir las propuestas que me han parecido de especial interés. Soy una gran entusiasta de la LIJ y eso conlleva que, a menudo, me pregunten por mis obras favoritas: mi familia y amigos, los profesionales con los que comparto espacios de formación, etc. Hasta ahora, cada vez que eso sucedía llegaba a casa y tiraba de libreta o de cámara para mandar algunas propuestas. De ahí surgió la idea de crear una herramienta de referencia para ese tipo de situaciones.

Mientras le daba forma al proyecto pensé que podía ser de interés poner en abierto esta relación de lecturas de calidad especialmente atractivas para las bibliotecas familiares, escolares o públicas; para la situaciones en las que cualquier interesado o interesada tuviese que hacer un regalo especial a un niño, joven o adulto… Y con ese ánimo surge «Mejor en verde…», un sello de calidad que aportará un distintivo a las obras de excelencia que se publiquen para niños y jóvenes en nuestro país, que pasen por mis manos; un escaparate que espero que se convierta en un punto de referencia para los mediadores: madres, padres, profesores, bibliotecarios… y quizás, en un futuro próximo, con la suma de algunas colaboraciones que tengo en mente, un corpus de la mejor literatura infantil y juvenil publicada en España.

El sector infantil y juvenil del mundo editorial, pese a los prejuicios de que los más jóvenes no leen, es bastante amplio en la actualidad. ¿Cómo pueden los padres guiarse entre los cientos de novedades para ofrecer a sus hijos las mejores lecturas?

No estoy de acuerdo con lo de que los niños y jóvenes no leen; constituyen las franjas de edad más lectoras de nuestro país. Aunque también es verdad que encuentran historias y contenidos de su interés a través de las pantallas cada vez desde edades más tempranas. Un reflejo de que los niños y los jóvenes sí leen es el hecho de la literatura infantil y juvenil se haya mantenido tan lozana a lo largo de este largo periodo de crisis. En la última Panorámica de la edición española de libros publicada, correspondiente a 2017, se referenciaba un aumento del 21,0 % en el volumen de libros infantiles y juveniles publicados; un aumento que se suma al 17,7% experimentado en 2016. Y, tal y como se puede ver en el informe Comercio Interior del Libro en España, las cifras de facturación se han mantenido estables, con ligeros aumentos en estos periodos aludidos.

¿Cómo guiarse entre los cientos, no, entre los miles de novedades publicadas? Pues precisamente con este ánimo surge el portal “Mejor en verde…”, tal y como comentaba. Pero hay otros prescriptores que pueden ayudar a la familias: los libreros, los bibliotecarios… Yo suelo recomendar buscar un poco en la Red y comenzar a seguir a aquellas voces con las que se sientan identificados. Empezar, por ejemplo, buscando una obra que haya gustado mucho en casa, leer las referencias que se encuentren y ver cuáles coinciden con las impresiones personales o familiares o, mejor, cuáles las enriquecen. Una vez localizados esos prescriptores, pueden ser una fuente estupenda de sugerencias para próximas lecturas.

¿Cómo funciona el proceso para valorar una obra destinada al público infantil? ¿Qué criterios se tienen en cuenta y qué aspectos son los más importantes?

Depende del objetivo. En el caso del sello “Mejor en verde…”, las valoraciones son producto de mi lectura y análisis pero tienen en cuenta las opiniones que puedan llegarme de diferentes colegas de profesión a los que admiro, y, siempre que es posible, la observación e impresiones de la experiencia de lectura del niño o joven. Y espero muy pronto pueda sumar un comité asesor conformado por profesionales especializados en literatura infantil y juvenil y promoción de la lectura que dé más solidez al proyecto.

Los criterios de análisis y valoración en este caso están centrados en la obra en sí, en sus aspectos literarios o como fuente de información. Pero más que una frontera rígida entre lo bueno y lo malo, los criterios dibujan un contorno de obra ideal a partir de las cualidades que estimo deberían tener las obras de una determinada categoría o tipología. Este referente que tomo como modelo es una herramienta que me permite analizar una obra en concreto, compararla y relacionarla con otras, y, en definitiva, otorgarle o no el sello de calidad en función del valor estimado. Estos referentes están trenzados con diferentes mimbres y en ellos conviven criterios de diferente carácter, que emanan unos de consideraciones respecto al contenido de la propia obra, que afectan al lector otros y unos terceros que tienen que ver con nuestra sociedad y sus valores.

Por tu experiencia, ¿qué características debería cumplir un libro infantil y juvenil para tener la máxima puntuación dentro de “Mejor en Verde…”?

Sea del tipo que sea la obra, los criterios con los que trabajo afectan tanto a los elementos materiales y técnicos que la conforman como a su estructura y contenidos que la constituyen, aspectos que según esté frente a una obra de ficción o de no ficción adquieren comportamientos diferentes e inciden en distinto grado en la calidad global de la obra.

Por ejemplo, en una novela juvenil valoro el nivel de consistencia y de complejidad del argumento y su adecuación al nivel de comprensión lectora de los destinatarios. También compruebo que el narrador resulte apropiado y convincente, que los personajes estén bien construidos y sean coherentes; el que el marco de acción se adecúe a los acontecimientos y a los personajes; así como la dimensión estética y simbólica del texto y de la ilustración u otros aspectos iconográficos o visuales, y si establecen conexiones con la tradición literaria (versiones, parodias, etc.) y con otros ámbitos culturales que contribuyan a enriquecer el conjunto. El tema no la define pero es importante que resulte atractivo, interesante y adecuado para el lector juvenil, que esté bien documentado, que se adecúe a la forma de la obra. También tengo en consideración el grado de originalidad en su tratamiento respecto a otras obras.

En el caso de las obras de no ficción, el análisis de los contenidos es fundamental: hay que comprobar la veracidad o exactitud en la información, la actualización de los contenidos. Además, se ha de valorar la adecuación de la cobertura temática, geográfica, temporal y lingüística a la oferta que se hace. También se ha de considerar el enfoque dado a las informaciones, fundamentalmente cuando se revisan obras de temática no científica y aquellas que abordan temas polémicos. También reviso uno a uno los canales informativos: textos, imágenes, informaciones complementarias, instrumentos de recuperación de la información.

Tanto si se trata de un obra de ficción como de un obra de no ficción, hay que valorar la edición: su ergonomía, la solidez de la encuadernación, la calidad del papel, la idoneidad del formato y de la maquetación en relación al contenido y la legibilidad de la tipografía, que resulten atractivas y que despierten interés del lector. También se ha de considerar la adecuación al carácter, al tema y al propósito de la obra, así como a sus destinatarios, de tal forma que contribuya a dotarla de atractivo y valor estético y, por tanto, de calidad.

¿Se valora lo suficiente en España la literatura infantil y juvenil? ¿Qué cuestiones se deberían tener en cuenta para difundir mejor el hábito de la lectura entre los niños y niñas?

Sí y no. Los mediadores sí la valoran, en general, mucho. Otros agentes de la cadena de valor del libro, no tanto. Y algunos, nada. Y es fundamental. La recomendación de obras de calidad es clave para la promoción del interés y el gusto por la lectura, la consolidación de los hábitos lectores, y la construcción de un itinerario lector enriquecedor desde las primeras edades. Los lectores infantiles y juveniles de hoy son los lectores adultos de mañana.

Por el momento, en el proyecto colaboran 42 editoriales. ¿A cuántas más puede extenderse en el futuro?

Pues la verdad es que ya se han sumado más de 60 editoriales. Es una pasada. Pero será estupendo que se incorporen todas las que quieran aceptar el reto de valorar de forma crítica sus obras publicadas y contribuir a la difusión de las mejores de su catálogo. Sumar fuerzas es imprescindible para aportar, entre todos, un grano de arena al desarrollo de una sociedad lectora. De ahí el enorme interés de la colaboración con Librotea-El País, un escaparate de excepción que abre sus puertas a la literatura infantil y juvenil con toda la ilusión. Estoy entusiasmada.

En los últimos meses, hemos visto cómo desde algunos sectores institucionales se ha puesto en duda la pertinencia de determinadas obras, algunas clásicas, para los niños y niñas de la actualidad. ¿Es necesario revisar la literatura infantil y juvenil desde el prisma actual, o ese trabajo lo deben hacer los padres y docentes?

Yo no soy partidaria de la censura. Más allá de algunas cosas muy obvias. Por ejemplo, hace años pasó por mis manos un atlas en el que no se referenciaba Oceanía. Pues eso, no. Pero creo que los lectores se forman con buenas y con malas obras. También es cierto que es más fácil promover el gusto por la lectura y el hábito lector con buenas obras. Pero no pasa nada si un niño o niña nos pide un libro que no nos convence mucho, yo se lo daría, aunque también hablaría con él o ella y le argumentaría por qué creo que hay otras propuestas más interesantes y para hacer un seguimiento de su lectura y contrastar impresiones.

Y siempre pensando en la calidad de una obra, no en aspectos extratextuales como, por ejemplo, cuestiones sociales. El caso de la censura de Caperucita Roja que ha sonado tanto recientemente es un ejemplo. La historia de Caperucita Roja es un clásico que no encierra ninguna enseñanza concreta y que se brinda a muchas interpretaciones (me refiero al cuento popular no a sus adaptaciones o versiones). Además, censurarlo es un insulto a la inteligencia y a la sensibilidad de los niños (y de los adultos que los disfrutaron en su infancia). Y, finalmente, una llamada de atención que tomo prestada del añorado Pedro Cerrillo: ¿no es un tanto paradójico discriminar para que no haya discriminación?

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