Entrevista con Inma Herraiz

Esta semana entrevistamos a Inma Herraiz autora de Kacufona, una «caquita» muy molona. Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, Inma es especialista en clínica infantil-adultos, cuenta con una larga trayectoria profesional y lleva años ayudando a madres y padres con el aprendizaje y desarrollo de sus hijos.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

Surgió hace ya unos años, debido a una mezcla de factores. Por un lado, las consultas y demandas de algunas madres sobre este tema y el hecho de utilizar sencillos cuentos caseros (que inventaba para afrontar situaciones como los celos, rabietas, etc.) y ver que así captaba la atención de los pequeños y su implicación al hacerlo de forma lúdica.

Por otro lado, mi lado más creativo me llevó a inventar escenarios y personajes cosidos a mano, con diferentes texturas, aportando mi granito de arena en la conservación del medio ambiente (váter hecho de botellas recicladas), y favoreciendo a su vez la motricidad fina de los niños/as, que será muy importante en etapas posteriores.

¿Por qué es tan importante que en la primera etapa de la infancia los niños aprendan a ir al baño?

Porque les permite sentirse más autónomos, y esto conlleva una mayor independencia para el bebé, eso sí, siempre respetando el ritmo de cada pequeño. Por esta razón, los padres debemos acompañarlos y guiarlos en un mundo en el que tendrán que tomar decisiones.

La sobreprotección de muchos padres no permite fomentar la autonomía en los niños/as y puede generar en ellos problemas de aprendizaje y de relación con los demás.

El favorecer la independencia del niño/a permite en este algo tan importante como es su autoconcepto y su autoestima, que se define como «el valor que el individuo atribuye a su persona y a sus capacidades. Es una forma de pensar positivamente, una motivación para experimentar diferentes perspectivas de la vida, de enfrentar retos, de sentir y actuar qué implica que nosotros nos aceptemos, respetemos, confiemos y creamos en nosotros mismos».

A lo largo de nuestra infancia, ¿existen otras etapas importantes aparte de aprender a ir al baño? ¿Cuáles son?

Todas las etapas de nuestra infancia son de vital importancia, empezando desde la fase neonatal, donde el bebé empieza a establecer sus primeras comunicaciones a través del llanto, reconociendo la voz de los seres más próximos a su entorno. La fase postnatal o lactante, el descubrir un entorno nuevo, la motricidad, el lenguaje, el sueño, los terrores nocturnos, relaciones afectivas, egocentrismo, socialización, creatividad, diferencias sexuales anatómicas, etc.

Tomando como referencia el perfil de desarrollo de los Institutos para el Logro del Potencial Humano (Glenn y Janet Doman), son cuarenta y dos funciones, detalladas por edad=meses, teniendo en cuenta el desarrollo del estado cerebral en el que se encuentra y la referencia temporal (edad=meses) en las diferentes competencias (visual, auditiva, táctil, movilidad, lenguaje, competencia manual), siendo la movilidad la clave o el motor del desarrollo de la inteligencia en todas sus expresiones y la que incide significativamente en el resto de las áreas, y a modo de ejemplo, es importante fortalecer el tronco, mantener el equilibrio, fortalecer el cuello, ejercicios de rodado, fortalecer la espalda, aprender a sentarse, favorecer el arrastre, estimular el gateo, reforzar el gateo, ejercicios de marcha, ejercicios para caminar, caminar manteniendo el equilibrio, etc.

Sin menospreciar la teoría de las inteligencias múltiples, que es un modelo de concepción de la mente publicado en 1983 por Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard. Para él, la inteligencia no es un conjunto unitario que agrupe diferentes capacidades específicas, sino una red de conjuntos autónomos, relativamente interrelacionados. Para Gardner, el desarrollo de algún tipo de inteligencia depende de tres factores: factor biológico, factor de la vida personal y factores culturales e históricos.

Resumiendo, ya no serían simplemente etapas del bebé, sino que, teniendo en cuenta los factores biológicos, ambientales y culturales, serían capacidades o competencias para un buen desarrollo del bebé en las diferentes áreas citadas.

¿Por qué los primeros años de vida son los más importantes para el desarrollo personal de los niños?

Desde el nacimiento de un bebé y, sobre todo, en los primeros años (0-6 años), se ha estudiado que es cuando el cerebro se encuentra en un proceso madurativo en el que continuamente se establecen nuevas conexiones neuronales y tiene lugar el crecimiento de sus estructuras. Existen muchas sinapsis o conexiones neuronales que son poco o nada funcionales. Esto quiere decir que dichas conexiones no consiguen ser eficaces para una función, están «como aletargadas» y no se activan totalmente hasta que no se integran en una red cerebral que da respuesta a una conducta o función.

Cada neurona establece en su campo dendrítico (lugar donde se producen las conexiones neuronales) un número elevado de conexiones neuronales que la relacionan, en variadas escalas de intensidad, con un número elevado de neuronas.

El llamado entrenamiento repetitivo y la atención durante la ejecución de las tareas pueden mejorar estas conexiones y hacerlas funcionales, consiguiendo así un mayor aprendizaje y una mayor capacidad y rapidez de recuperación de funciones.

La información en esta etapa debe ser clara, concisa, debe prevalecer un ambiente lleno de movimientos, colores y riqueza de estímulos; hay que fomentar la participación, juegos, música, conductas cercanas a las actividades de la vida diaria. Por todo ello, el entorno emocional, social y familiar estable en el que se encuentra el niño/a será básico para un buen desarrollo y funcionamiento cerebral.

El programa utilizado en los Institutos de Glenn y J. Doman permite así ahondar en este desarrollo cerebral mediante un protocolo de estimulación sistemático, abundante, variado y de calidad. La estimulación debe abarcar todas las vías sensoriales y también las motoras, de manera que esta estimulación permita al niño/a crear conexiones cerebrales que favorezcan el desarrollo de sus capacidades o inteligencias.

¿La literatura es un mecanismo de aprendizaje para los más pequeños? ¿Por qué?

Sin duda, y para ello me vuelvo a remitir a las palabras de Glenn Doman y al programa de lectura: Cómo enseñar a leer a tu bebé.  Los niños tienen una capacidad y un potencial tremendos; pueden aprender a leer a una edad muy temprana. Pueden leer, quieren leer y creemos firmemente que deben leer. Los niños, desde muy pequeños, tienen dentro de sí un deseo infinito de aprender y pueden aprender cualquier cosa si los padres saben cómo enseñarles. El crecimiento cerebral es un proceso dinámico y siempre cambiante (el cerebro crece a través del uso).

Cuando le enseñamos a un bebé a leer, hacemos crecer las vías auditivas y visuales del cerebro, y no solo comenzamos un amor de por vida por la lectura, sino también estamos promoviendo el crecimiento y desarrollo del cerebro. Cuando los padres comprenden cómo crece el cerebro y por qué crece de la manera en que lo hace, pueden utilizar su amor y el conocimiento que tienen sobre su niño para convertirse en los mejores maestros que sus hijos tengan en toda su vida.

¿Por qué es tan importante que los niños pequeños aprendan a partir de juegos?

Porque la experiencia me ha demostrado que a todos los niños/as les gusta jugar, y es la mayor herramienta para favorecer aprendizajes (siempre teniendo en cuenta los gustos y el interés de cada niño/a). Cualquier tarea, si de pequeños se la introduces como un juego y no como una obligación o imposición, se adquiere con mayor facilidad.

En el juego no existe juicio alguno, por ello los niños/as se expresan libremente y es más fácil darles herramientas para que ellos puedan utilizarlas en situaciones similares (adquisición de valores, modelos). A su vez, fomenta la creatividad y la imaginación.

El juego permite al niño/a explorar el entorno, favorece su desarrollo psicomotor si el juego es en movimiento, y también favorece las interacciones con el medio, objetos, con otras personas y con ellos mismos (medio de socialización y autoafirmación de su personalidad, fortaleciendo su autoestima).

¿Por qué decidió especializarse en Clínica Infantil-Adultos? ¿En qué consiste?

Porque siempre me ha gustado ese mecanismo que poseemos tan desconocido como apasionante, llamado «cerebro», y el dar con profesores tan fascinantes y profesionales como Ignacio Morgado, que hizo acrecentar mi interés, la admiración por Glenn Doman, que fundó los Institutos para el desarrollo del potencial humano, trabajando con niños/as con lesión cerebral y en el desarrollo temprano de niños/as sanos;  la naturalidad y facilidad con la que Eduard Punset explicaba contenidos científicos al alcance de cualquiera, con su programa de divulgación científica Redes y la Teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, viendo la inteligencia no de forma jerárquica y unitaria, sino diferenciando las capacidades humanes en ocho: la lingüística, la lógico-matemática, la corporal-cinestésica, la musical, la espacial, la interpersonal, la intrapersonal y la naturalista, atendiendo a las diferencias individuales de los niños y su insistencia en no etiquetar a los mismos según sus preferencias o disposiciones. Según él, las inteligencias son categorías para distinguir las diferencias en las formas de representaciones mentales, pero no son buenas categorías para identificar cómo son (o cómo no son) las personas.

En mi época, cuando te licenciabas en Psicología, tenías que escoger diferentes asignaturas. En la especialidad clínica estaban todas aquellas por las que tenía especial interés: Psicofisiología I, Psicofisiología II, Psicodiagnóstico infantil, Psicodiagnóstico adultos, Psicopatología infantil, Psicopatología adultos, y el último año hacías prácticas en un centro clínico y debías hacer una memoria de todo ese año.

¿Qué consejos darías a padres primerizos para que ayuden a sus hijos a ir al baño?

Más que consejos, les diría que aplicaran la lógica y se pusieran en lugar del pequeño: cada niño/a tiene su ritmo y es importante evitar comparaciones, tener paciencia (a los adultos también nos cuesta adaptarnos a las novedades), jugar con ellos cuando vayan al váter (los niños imitan comportamientos adultos), reforzarles tanto sus logros como su perseverancia («¿te acuerdas de lo bien que lo hiciste cuando te sentaste en la silla?, las primeras veces no podías, y después de muchos intentos, lo conseguiste»). También acompañarlos en sus fracasos sin dejar de motivarlos («esta vez se te ha escapado, pero lo vas a conseguir la próxima vez») y, sobre todo, que se fijen bien en los pequeños, porque ellos les indicarán si ya están listos para esa nueva etapa, que no hay que forzar y que acabarán adquiriendo, teniendo en cuenta que los trastornos de control de esfínteres no vayan asociados a causas orgánicas, que siempre habrá que descartar antes de cualquier intervención.

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