James Ellroy: “Quiero ser recordado como el rey indiscutible de la novela de crímenes”

La de James Ellroy es una de esas figuras en las que la persona y el personaje se difuminan hasta formar un solo ente. En el caso de uno de los más grandes escritores de novela negra vivos, eso incluye una serie de epítetos tan rotundos como sus mastodónticas novelas: brutal, reaccionario, egocéntrico o desmesurado. Sin embargo, el Ellroy en una entrevista por teléfono desde Barcelona, en plena gira promocional de Esta tormenta, no responde a ese perfil de ogro que tanto ha cultivado con esa imagen de tipo duro de los años 40. “Me lo estoy pasando en grande”, asegura con genuina alegría. “Siempre que vengo a Europa noto que se me percibe de una manera más profunda e inteligente que en EE UU”, explica. “Aquí todavía existe una cultura de la lectura, mientras que allí ha sido degradada por Internet”.

Ellroy se encuentra promocionando su nuevo puñetazo sobre la mesa en forma de novela negra. Esta tormenta es la continuación de Perfidia y el segundo volumen de una tetralogía que nos sumerge en el Los Ángeles de comienzos de la década de 1940, en plena ebullición previa a la entrada de EE UU en la II Guerra Mundial. Un universo repleto de personajes ambiguos y de fuerzas subterráneas, en las que las distintas ideologías de la época se infiltran en las estructuras sociales. “Quería mostrar que el fascismo y el comunismo son la misma cosa”, cuenta sobre la elección temporal de su nueva obsesión. “En Esta tormenta tenemos putos comunistas, putos fascistas, putos anarquistas…”, enumera utilizando el español. “Y todos ellos son iguales, estaban jugando a ambos lados del tablero durante los dos años del pacto entre Hitler y Stalin, y más allá, durante todo el horror de la II Guerra Mundial. Era una época de quintacolumnismo, y todos tenían un deseo en común: acabar con la democracia”.

 

La elección temporal, por supuesto, no es casual. El escritor estadounidense es conocido por su amor a las décadas de los 40 y 50, al igual que su desdén absoluto por la vida actual. “Cuando era pequeño siempre estaba leyendo números de la revista Life de una década antes de que yo naciera. Mis padres tenían un armario lleno de ellas”, recuerda. ¿Cómo se las apaña para vivir de espaldas a la realidad? A veces, haciendo eso mismo de manera literal. “Esta mañana estaba desayunando en el hotel y tenían puestas las noticias en una televisión, con los rótulos de los titulares, así que lo que hice fue girar la silla para ver solo una pared blanca y poder tomar mi desayuno en paz”, cuenta.

Otras veces, esa elección se materializa de forma interna. “Soy muy bueno aislando mi curiosidad”, continúa. “Si me engancha algo como el año 1942, o la década de los 50, permanezco en ese tiempo. Vivo desde las perspectivas de mis personajes. No entro a Internet, no sé cómo hacerlo. No tengo ordenador. Tampoco veo las noticias, como has podido comprobar, y eso hace que mi trabajo sea más fácil”. Lo único que salva de nuestros días es el único deporte que sigue con interés: el boxeo. “Me da pena porque hay un gran combate dentro de poco y me lo voy a perder porque estaré en un hotel de Madrid”, confiesa resignado.

Ese trasfondo histórico es el lugar en el que asistimos a las peripecias vitales de sus personajes, criaturas a las que moldea con una mezcla de compasión y brutalidad. “Siempre escribo desde la perspectiva de mis personajes. En los cuatro puntos de vista de Esta tormenta me introduzco en las mentes y las almas de cada uno de ellos. Me gusta seguir sus intereses vitales, y me gustan los personajes complejos, atormentados y apasionados. Es un gran material para el drama. Además, la posibilidad de un ataque inminente, como el de los japoneses, provocaba una alteración en el ambiente de esa época: la gente bebía, se drogaba, iban a clubs de fiesta, practicaban sexo… ¡Así que no todo era malo durante la guerra!”, bromea.

Las cerca de 700 páginas de Esta tormenta, y una población de personajes que le obliga a incluir un dramatis personae para no perderse entre esa jungla humana, responden a otra de las constantes de Ellroy: la ambición. “Me gusta todo lo grande”, afirma por si quedaban dudas. “Las novelas largas, las grandes sinfonías, como las de Beethoven, Bruckner, Mahler, Wagner, la ópera… Ese tipo de cosas. Cuando ya no esté, me gustaría que la gente pensase ‘este Ellroy nos dejó una gran cantidad de lecturas obsesivas».

Tan sólo el planteamiento de cada nueva obra le lleva “entre nueve y once meses”. Esta manera de trabajar tiene su origen en un momento en concreto, que él recuerda como una iluminación. “Mientras escribía La dalia negra, en 1986, ya tenía planeada su secuela, El gran desierto. Entonces me llegó como en un flash todo el arco narrativo de LA Confidential, el tercer libro del cuarteto”, recuerda sobre su primera serie de cuatro novelas. “Me di cuenta después de esa experiencia que podía hacer cualquier cosa que concibiese, y he estado llevando a cabo todo lo que me he propuesto, a gran escala, desde entonces”.

Ajeno a la modestia, Ellroy solo admite una figura por encima de la suya. “El gran boxeador Errol Spence dijo hace poco que el talento viene de Dios y la habilidad es algo que tú desarrollas, y creo que tiene razón”, asegura. “Dios me dio el talento, y yo añadí una disciplina de trabajo que me ha permitido desarrollar esta habilidad”. Por eso no es de extrañar que Esta tormenta vaya a estar seguido de dos nuevos volúmenes de esta segunda tetralogía, y que justo después tenga planeada una nueva trilogía de obras. Una trayectoria tan monumental como su figura. “Cuando muera, me gustaría ser recordado como el rey indiscutible de la novela de crímenes, y alguien que borró las fronteras entre la novela negra y la novela histórica”, afirma. ¿Y como persona? Para eso, Ellroy tiene una respuesta que es puro Ellroy: “Como un hombre de verdad”.

 

La opinión de los usuarios

2 Opiniones

ma

madmercurio 01 octubre 2019

Lo primero que tendría usted que hacer es aprender a escribir, porque no le llega a la suela de los zapatos de Hammet ni de Chandler... Tuvo la enorme suerte de que se hiciera una película extraordinaria (L.A. Confidential) a partir de una de sus mediocres obras. Así que deje de ser tan pretencioso

lu

lunacardo 01 octubre 2019

Qué pretensión tan banal para un hombre inteligente..