12 libros esenciales para César Aira, eterno candidato al Nobel

Libros recomendados por César Aira

César Aira suena cada año en las quinielas para alzarse con el Premio Nobel de Literatura. Un hecho que parece no quitarle el sueño al escritor argentino, autor de más de cien novelas. La 101 es Prins, una historia protagonizada por un escritor de novela gótica que decide dejar de escribir. Extremo que, asegura Aira, él no se plantea. Lo afirma el escritor mientras repasa los libros que le han acompañado toda la vida y confiesa que a estas alturas apenas lee a sus contemporáneos. César Aira prefiere volver sobre viejas lecturas.Ha dicho que toda su formación proviene del cómic.Crecí a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, en un pueblo donde no había televisión, las revistas de cómics mexicanas eran una gran alegría para los chicos. Nos las intercambiábamos. Yo amaba especialmente a Superman.  Más tarde también La Pequeña Lulú, no sé si en España la conocen como nosotros. Para mí era una maravilla de elegancia narrativa, la misma que luego encontré en las películas de Woody Allen o las de Almodóvar. Ese ingenio para hacer una narración que diera toda la vuelta. Fue un gran aprendizaje. Dejé los cómics durante muchos años, pero descubrí tardíamente, gracias a un amigo francés, a Hergé y a Tintín, donde también encontré esa elegancia narrativa. Aunque el cómic fue secundario de los libros, que empecé a leer muy temprano.En su primera adolescencia leyó los 21 tomos de Sandokán.Sí, no sé exactamente cómo pude conseguirlos todos. Allá en Pringels (su ciudad natal) teníamos dos buenas bibliotecas y supongo que mis padres me habrán comprado algunos. El protagonista de Prins es un escritor de novela gótica, ¿me puede recomendar algún título del género?El género gótico se inició con El castillo de Otranto, que es extraordinariamente mala como novela. Tiene una primera escena maravillosa que vale por toda la novela. Después de los demás clásicos del género gótico lo único más o menos bueno es El monje, de Matthew Gregory Lewis. También está Frankenstein, de Mary Shelley, que se aparta un poco tal vez del género. Y Melmoth el errabundo, de Maturin.Como el protagonista de su última novela usted también coge el autobús en Buenos Aires, el 126 o el 132. ¿Qué se puede leer en esos trayectos?Ahora ya no lo hago, pero he leído muchísimo. De Quincey tiene fama de ser un autor extremadamente legible, recuerdo que una vez compré un libro de él en el centro, Memoria de los poetas de los lagos, tomé el 132 para mi casa y creo que cuando llegué –poco más de media hora- había leído ochenta páginas. Dice usted que todo lo que escribe son continuaciones de Borges, ¿cuál es su libro favorito de él?Todo. Con Borges y con cualquier otro no hago separaciones de este libro me gusta más o menos. Por ejemplo, me gusta Kafka, todo lo que hizo. Sus libros, sus cartas, su vida. Con Borges me pasa lo mismo, es uno de esos autores en los que todo vale. Después de su muerte se hicieron esas recopilaciones de lo que se llamaron textos recobrados, textos, notas que él no había querido juntar en libros. Pues son tres gruesos tomos en los que todo vale, porque hay autores, no sé por qué, a los que todo los representa. Hasta el escrito más insignificante o pasajero.Ha dicho que hubo una época en que quiso ser como Simenon, ¿Qué libro de él debemos leer?Están las novelas del inspector Maigret que son siempre hermosas. Hay una que se llama Las vacaciones de Maigret que me gusta mucho.  Y después las novelas no Maigret que son extraordinarias, como El hombre que miraba pasar los trenes.Estuvo a punto de hacer una tesis sobre El Quijote. ¿Ha habido otro autor español que le interese más que Cervantes?Más que él no, pero he leído a Cernuda, García Lorca, Alberti, las greguerías de Gómez de la Serna… Pero no mucho, mis lecturas fueron casi siempre francesas, inglesas o latinoamericanas.Dice que sigue leyendo novela policial, las clásicas inglesas.Tengo una gran preferencia por ese tipo de novelas las de Margaret Allingham, las de Dorothy Sellers, las de Edmund Crispin. Autores de novela policial civilizada, a la inglesa. Escribe novelas breves, asegura que le cuesta alcanzar las doscientas páginas. Pero, ¿qué novela larga le gusta mucho o le ha influido?La montaña mágica, de Thomas Mann o Moby Dick, de Melville. Guerra y paz de Tolstói la tengo en reserva para un día de lluvia. Una vez estuve enfermo y me tuve que quedar en casa más de un mes, le pedí un ejemplar a un amigo, que me dijo que tenía una traducción al inglés muy buena y me quedé esperando, no llegó. Perdí la ocasión y ahora no espero otra enfermedad, pero espero una tarde de lluvia larga para ponerme a leerla. Se encuentra en la obra de los surrealistas, ¿en cuál de todos ellos?Mi favorito es Benjamín Péret que escribió esas poesías maravillosas. El surrealismo no dio grandes escritores, dio grandes pintores. Pero de lo mejor escrito es el Hebdomeros de Giorgio de Chirico y las novelistas surrealistas automáticas de Péret. También algunos escritos de Leonora Carrington, por ejemplo esta novelita maravillosa que es La trompeta acústica.¿Qué libro de otro autor le hubiera gustado  escribir?Mi libro fetiche desde la adolescencia es Los cantos de Maldoror de Lautréamont, con eso me habría dado por satisfecho. El hecho de que yo haya escrito tantos libros procede de la insatisfacción, de no haber logrado nunca llegar a eso que quiero llegar que no sé bien lo que es.“Se escribe para seguir escribiendo”, dice en las páginas de Prins. Sí, no recordaba haberlo escrito pero está bien. Escribir para mí a estas alturas ya se ha vuelto parte de mi vida y siempre digo que el día que no escribo es un día perdido, estoy esperando al día siguiente.El opio es antidepresivo, ¿lo es también la escritura?Sí. Anoche comentaba con unos amigos citábamos esa frase del filósofo Fontenell que decía que “no hay pena que se resista a una hora de lectura”, y es muy hermoso. En mi caso no hay pena que se resista a una hora de escritura.POR LARA HERMOSO

La opinión de los usuarios