Diez libros emocionantes sobre padres e hijos, por Ricardo Menéndez Salmón

Hay libros que surgen de situaciones, de ideas o de personajes concretos, y luego están los que se materializan porque no había otra posibilidad. No entres dócilmente en esa noche quieta, la reciente obra de Ricardo Menéndez Salmón, pertenece a esa categoría. “Nace de una situación que se convierte en una necesidad”, nos explica su autor en un día lluvioso que casi parece de su Gijón natal. En él, la enfermedad de su padre es “un suceso capital y casi estructural” de vida. “De mi infancia primero y, dada su enorme dilatación en el tiempo, de toda mi vida adulta hasta que fallece”, apunta antes de dejar clara la importancia de este libro en su trayectoria: “Tengo la sensación de que este libro me ha acompañado siempre. Es el primer libro y ahora es el último. Lo único es que ha necesitado este tiempo para nacer porque la peripecia de mi padre tenía que cerrarse. Y, aunque mi padre hubiese fallecido hace diez años, yo no habría estado armado entonces para escribir este libro, ni como persona ni como escritor. Lo percibo como un libro de una primera madurez, tanto vital como literaria”.

No entres dócilmente en esa noche quieta nace, por tanto, de unas vivencias personales que han formado al autor como persona, para lo bueno y lo malo, pero la forma en la que se ha desarrollado el libro no estaba clara antes del proceso de escritura. “Yo tenía la brújula, pero no tenía el mapa, el territorio estaba por cartografiar”, cuenta Menéndez Salmón. “Ese es lo que fui descubriendo con el libro, fui colonizando esos lugares que yo sospechaba que podían existir. Me ayudó trabajar con una secuencia cronológica muy marcada, los hitos de un padecimiento muy prolongado, un problema cardiaco, el alcoholismo, el cáncer, los cambios en mi propia vida… Pero es uno de esos libros que se va construyendo a medida que uno escribe, como eso que decía Marguerite Duras de que uno escribe para saber de qué escribe. Es algo más que una boutade, es una gran verdad literaria”.

En sus páginas, el escritor asturiano parte de esa enfermedad prolongada del padre, pero irremediablemente muchas de sus reflexiones acaban por llegar a sí mismo, un análisis del yo a raíz de esa influencia permanente que ejercen los progenitores sobre los hijos. “Es cierto, el libro ha ido derivando casi más como una autobiografía intelectual y emocional que como un simple retrato del pasaje de mi padre”, concede. Su propia personalidad, marcada por una infancia y adolescencia regida por la enfermedad y el miedo, le llevan a explorar algunas esquinas sombrías de la memoria, en un ejercicio de honestidad literaria llevada al extremo. “”Me recordaba el título de James Ellroy, Mis rincones oscuros”, bromea. “El libro me ha obligado a decir cosas sobre mí mismo que nunca había dicho. Pertenece a ese semillero de los libros confesionales, pero no regodeándose en esa impiedad, porque hubiese sido muy fácil caer en la carnaza. Quería trabajar con la emoción contenida”.

Entre esas herencias transmitidas de la relación con su padre, la culpa ocupa un lugar capital. “He querido hacer especial énfasis en ella porque creo que la culpa se construye, es una construcción cultural e ideológica”, explica. “Una de las cosas que me ha regalado este libro es, si no la convicción, sí cierta certidumbre de que fui educado en un clima en el cual de alguna forma yo tenía que cargar con las culpas de mi padre. Eso por un lado es tóxico y por otro es injusto. Me gustaría que mis hijos pudieran pensar que la culpa es algo que solo podemos contener en el perímetro de nuestra vida, de nuestras acciones y omisiones, pero no debemos cargar con las culpas de los que nos precedieron, y no debemos proyectar en los que nos suceden culpa alguna”, continúa.” Lo que pasa es que la culpa es también un material literario de primera magnitud, hasta el punto que uno llega a pensar si no es uno de los grandes motores de la escritura”, puntualiza.

Para la escritura de este libro, incluso mucho antes de saber que lo iba a llevar a cabo, Menéndez Salmón ha leído mucho sobre esas relaciones entre padres e hijos. “Creo que la única diferencia entre alguien que escribe y alguien que no es que el escritor tiene la posibilidad de poner rostro a esos demonios, y eso ya puede ser un paso hacia una convivencia más amable”, asegura. En su caso, esta obra también intenta llenar los vacíos que la experiencia ha dejado a su paso. “Algo de lo que me doy cuenta de la relación con mi padre es cuanto queda por expresar en la relaciones paternofiliales y, en ese sentido, este libro tiene algo de carta, de intento de expresión de lo no dicho, de diálogo aunque sea con un muerto, algo de intentar colmar silencios”.

Como acompañamiento a No entres dócilmente en esa noche quieta, Menéndez Salmón también quiso hablarnos de una decena de libros que tratan, de una manera u otra, esa relación entre padres e hijos. Estas son sus obras seleccionadas.

Estantería

La opinión de los usuarios

3 Opiniones

he

heraklitoeloscuro 29 enero 2020

Y la ética a Nicómaco de Aristóteles?

jo

joseiribas 29 enero 2020

Amor de padres
https://dametresminutos.wordpress.com/2016/04/21/amor-de-padres/

ce

cesenunez 28 enero 2020

“Patrimonio”, de Philip Roth, es un libro extraordinario. A partir de un errado diagnóstico médico que le realizan al padre del escritor Philip Roth, se desencadenan una serie de eventos que van de la tragedia más aciaga a la ternura más franca, condimentados (en algunos casos) con pizcas de un humor bien corrosivo, donde la vejez (“La vejez no es ningún jolgorio”), la ruina física y el inevitable callejón sin salida de la muerte, dan pie a un repertorio de descarnadas reflexiones, descritas de manera implacable por la pluma magistral de Roth. “Patrimonio” es una obra imprescindible. Lo único que no me gustó fue el "spoiler" sobre el libro de OZ.

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