Dinero, corrupción y lucha de clases. Libros recomendados por Gonzalo Torné

Foto: María Teresa Slanzi
Foto: María Teresa Slanzi

Dinero, dinero, dinero / Voy bien de dinero, y eso significa que quiero más”. La cita de Lord Byron que abre El corazón de la fiesta anticipa un estado de ánimo, el de la euforia provocada por la acumulación de moneda de curso legal, que se convierte tanto en una adicción como en una condena. En su cuarta novela, el barcelonés Gonzalo Torné nos lanza un caramelo envenenado que comienza como una sutil comedia con tintes románticos para ir desenvolviendo una naturaleza mucha más tenebrosa. En sus páginas asistimos a la relación entre una charnega, Violeta, con un hombre que pertenece a la “realeza” de Cataluña y cómo esa diferencia de clases articula una relación en la que ninguna de las dos partes, y estratos sociales, puede salir bien parada. Entre ellas, dos temas que no por habituales están demasiado explorados en nuestra literatura: la corrupción política y, sí, el dinero.

“Quería examinar la bulimia, la no saciabilidad del dinero”, explica Torné en un céntrico hotel madrileño en el que se deben haber cerrado unos cuantos tratos comerciales de gran escala. “La cita de Byron transmite que el dinero provoca euforia. Es una adicción. Y es un tema no muy examinado. Damos por hecho que exista una lista Forbes, y la lista Forbes es una obscenidad. Me contaban que hay ricos que se deprimen cuando pasan del puesto cuatro al cinco. ¿Cómo te puedes deprimir cuando puedes comprarte medio planeta? Nadie ha hecho el cálculo de cuánto cuesta en términos de insatisfacción de otras personas la lista Forbes. Alguien que quiera pasar del puesto cinco al cuatro igual decide esa tarde, porque los seres humanos somos así, cerrar cuatro plantas y echar a la gente”, reflexiona.

El personaje de Violeta, explica Torné, “no es propiamente pobre, ha terminado sus estudios, va hacia un marco de precariedad, pero se incluye en esta familia, y poco a poco va entrando en ese veneno, en esa locura, de acumular un dinero que no va a poder gastar y que no está disfrutando, sino que le atormenta. Es la clave de nuestro tiempo: ¿Por qué el objetivo de la humanidad es acumular dinero a cambio, no ya solo de destrozar la vida de muchas personas, sino casi de destruir el sistema ecológico del planeta? El dinero es una locura, una enfermedad”.

Esa bulimia de ceros a la derecha en cuentas bancarias de El corazón de la fiesta está irremediablemente relacionada con ese fenómeno tan ibérico que conocemos con el muy genérico nombre de “corrupción”. “Me he centrado en las clases políticas porque me sorprendía, al ver a tantos de los que han metido en la cárcel, que todos dábamos por hecho que lo hacían por dinero. ¿Y el dinero lo justificaba?”, se pregunta. “Si lo piensas bien, era gente que tenía una situación vital muy buena y han acabado como espectros. El que no se muere en un hotel se suicida, el que no, acaba con un cáncer y no se puede pagar el tratamiento… Dices, ¿por qué lo han hecho?”.

Ese viaje, el que va desde el la ausencia de dinero a la adicción a él, es el que sigue Violeta, en un proceso de corrupción paralelo al de esa “familia real” catalana a la que se acerca. Un retrato de ciertas tensiones de la sociedad catalana que son, en el fondo, muy parecidas a las de cualquier otro lugar, especialmente al sur de los Pirineos. “La diferencia es en que en Cataluña residen dos comunidades con sensibilidad cultural distinta por el uso de la lengua”, detalla Torné. “Lo que pasa es que hay una gran mayoría de gente, que no aparece en esta novela, que aunque sus padres sean catalanoparlantes participa de una manera natural en la cultura castellanoparlante, y al revés. En la novela no he intentado hacer una radiografía justa de la sociedad catalana, sino utilizar la sociedad catalana para escribir una historia lo más interesante posible. Están los dos extremos: una familia castellanoparlante cuyo padre no acaba de ser receptivo a la cultura catalana, y una familia ultracatalanista y vagamente xenófoba, que sigue considerando que los inmigrantes castellanos son catalanes en tanto que voten y hagan lo que ellos quieren. La novela está sustentada en estos dos extremos”.

Ese proceso de corrupción que nos escandaliza con cada titular de prensa es algo, cuenta Torné, de lo que también todos somos responsables, al menos en cierta medida. «En Argentina me comentan que se dice ‘roban, pero hacen’. En Cataluña la justificación es ‘roban, pero es que tienen que acumular para defender a patria de vete a saber qué’, y en Andalucía me contaba un amigo que se dice “roban, pero es la naturaleza humana”, desgrana. “Tendemos a justificar este hurto, pero por otra parte no hablamos de las diferencias de sueldo, que es donde podríamos operar, porque la justicia social puede operar en lo concreto. En el caso de los políticos, lo que han hecho no es tanto utilizar el dinero para afianzar su poder, que también, sino realmente creerse que era suyo. Ha existido una dejación de funciones de la ciudadanía. Yo soy del 76, y la mayoría de la gente de mi generación a los 20 años no estábamos politizados. Estábamos pensando en la segunda hipoteca, que no habíamos hecho ni la primera pero dábamos por hecho que llegaría. El espacio despolitizado que hemos dejado a los partidos estructurados ha sido lo que les ha permitido identificar que ese dinero era suyo. Y mientras duró la fiesta de los créditos de la Unión Europea había tanto dinero que incluso creo que hubo una aceptación social, porque es sorprendente que nadie se diese cuenta de lo que estaban haciendo”, apunta.

Pero El corazón de la fiesta no funciona solo en el fondo, sino que la forma también tiene una especial importancia. “Hay dos tonos que he intentado evitar”, confiesa el autor. “Uno es la sátira, porque el satirista es un hombre que tiene razón, y la tiene desde el principio. Yo creo que tengo razón pero, si la pongo desde el principio, no admito las voces de los demás, no dialogo. Yo intento poner en la boca de los personajes con los que no estoy de acuerdo los mejores discursos. El satirista puede terminar hablando solo con su razón. También he intentado evitar la parodia del poder. Los poderosos aquí aparecen como sombras, porque la parodia termina haciendo un efecto enternecedor, hace que al final te quieras ir de copas con el tipo que está deteriorando tu vida. Lo que quería era expresar la brutalidad del poder, la bajeza de la avidez de dinero”.

Para complementar la lectura de El corazón de la fiesta, le pedimos a Gonzalo Torné que nos hablase de otros libros que tratan del dinero y la lucha de clases, y la lista resultante, mayoritariamente anglosajona, nos devuelve otra vez a la realidad. “No soy experto en literatura española, pero me dicen que el tema del dinero se trata poco”, cuenta. “Es curioso: aquí se legitima la picaresca, pero es de mal gusto preguntar cuánto ganas”.

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