El banquero como supervillano

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¿Puede haber un banquero bueno? La literatura lo pone en duda. Hay una época reciente: de 2010 a 2014. Aquellos años, mortíferos por la crisis económica, aparecieron varias novelas en las que el banquero era el peor criminal de todos los tiempos (con permiso de algún político). Las novelas venían de Grecia, España y también Reino Unido. La literatura se adentraba en el titular de la noticia con bancos que habían quebrado y habían dejado a sus clientes sin un triste euro.Entre estas novelas podemos destacar la primera de la trilogía del griego Petros Markaris sobre la crisis griega, Con el agua al cuello, en la que el inspector Jaritos tenía que desentrañar la muerte de un director de banco mientras Atenas bullía en manifestaciones ciudadanas. O Ajuste de cuentas, de Benjamín Prado, sobre el pelotazo inmobiliario y económico que arrasó a tantas personas y donde un banquero acaba en un patio de presidio. En Reino Unido, John Lanchester publicaba Capital, novelón donde la City no quedaba muy bien parada ante tanto desmán en las finanzas.La época más reciente, donde los banqueros vuelven a ser carne de periódico (juicios por las tarjetas Black, grandes financieros investigados), porque de aquellos barros estos lodos, la literatura tampoco se torna indiferente. Ahí está la novela del exdiputado Chesús Yuste, Asesinato en el congreso, en la que retrata la actitud de una especie de Guy Fawkes dispuesto a hacer justicia contra los banqueros en una recreación muy fidedigna de la primera legislatura de Rajoy.No obstante, la consideración del banquero como supervillano no es sólo de estos tiempos. Ni tampoco de la novela negra en sentido estricto. Ya los clásicos vieron en su figura algo taimado. Las crisis causadas por el capitalismo tampoco son de esta era y por ello P.L Travers hizo que el padre poco cariñoso con sus hijos en Mary Poppins también trabajara en un banco. O Henry James con La otra casa, turbia y violenta novela, con un banquero de protagonista. O la monumental Los Buddenbrook que es más que una novela familiar, una historia de banqueros.Aunque, por supuesto, también existen las excepciones. Ahí está El banquero anarquista, de Pessoa, pura suma de contradicciones: ¿puede alguien malvado servir a la causa por la liberación de la sociedad? Sí, también sería posible. También podría haber un banquero ‘bueno’.

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