Islas literarias soñadas, por Elvira Navarro

Obras que han inspirado su novela 'La isla de los conejos'.

Elvira Navarro mira distinto a como lo hacen otros escritores, tiene la capacidad de deformar la realidad, de rebanarla, transformarla, de lograr que el realismo alcance otra dimensión. Su voz se alza como una de las más interesantes de la literatura española contemporánea y ahora regresa con un libro de cuentos, La isla de los conejos. Una obra que reúne once relatos, once puntos de partida distintos. Desde el falso inventor que lleva conejos a una isla para que acaben con los nidos de unos pájaros cuyo nombre nadie conoce al fantasma de una madre que logra abrir una cuenta en Facebook y pedirle amistad a su hija. Hoy Elvira Navarro enumera para Librotea las lecturas que la acompañaron durante el proceso de escritura de esas historias, aunque precisa: “esta lista no significa que La isla de los conejos se parezca o deje de parecerse a estos libros. Se trata, más bien, de un hermanamiento y de una aspiración”.Hermanados con el libro de relatos de Navarro se encuentran títulos como Helada, de Thomas Bernhard, su sordidez “fue una música de fondo durante la escritura de Las cartas de Gerardo”, el relato que abre La isla de los conejos. Outside, el volumen que reúne una selección de artículos escritos por Marguerite Duras, dio lugar a París Périphérie. Como si de un puzzle se tratara Navarro fue buscando otras piezas con las que encajar y pensó en los cuentos de Marguerite Yourcenar: “los míos no se parecen un carajo”, confiesa la escritora, al tiempo que asegura que trató que “la escritura tuviera un regusto tan clásico como el de la escritora belga”.Otros libros que están relacionados de alguna forma con La isla de los conejos son Proyectos de Pasado, de Ana Blandiana, Los amores difíciles, de Italo Calvino, o Las hortensias, de Felisberto Hernández. Elvira Navarro incluye en esta estantería los Cuentos Completos de Clarice Lispector y lo hace por una razón de peso: “Aunque mi prosa está en las antípodas de Lispector, no olvido la lección que me dio, básica y obvia, y que durante un tiempo olvidé: que escribir es, ante todo, un acto de libertad”.

Estantería

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