La pérdida de la inocencia en libros, por David Trueba

Hay ciertas lecturas que, como explica David Trueba, son como montar en bici. “Cualquiera que lo haya hecho sabe el placer que produce subir una cuesta empinada”, explica el escritor y cineasta. Esa satisfacción que llega después de leer una obra especialmente complicada, continúa, es algo “a lo que se suele llamar esfuerzo, pero yo prefiero llamarle inteligencia”.

Esas lecturas que requieren de un mayor compromiso por parte del lector son muy habituales en la adolescencia, cuando se pasa de leer obras juveniles a la literatura considerada como adulta. A esa edad, Trueba confiesa que leía mucho, y no precisamente obras destinadas al público joven. “Nunca he sido una persona dócil, he sido más bien insumiso a las etiquetas, a las modas y a las imposiciones de fuera”, asegura. De ahí que la novela negra de Hammett fuese uno de sus favoritos de adolescencia, o que lo intentase con obras como Rojo y negro. Pese a no haber podido “pasar de la páginas 40”, ese esfuerzo (o esa inteligencia) se vería recompensada unos años después, con una lectura del clásico de Stendhal que califica como “impresionante”.

Al hilo de su última novela, El río baja sucio, David Trueba nos habló de las lecturas que le acompañaron en esos años de formación. Obras que, de alguna manera, suponen la pérdida de la inocencia, pero también la puerta de entrada a un mundo de fascinaciones intelectuales, Por eso, explica, es imprescindible que los adolescentes sigan leyendo. “La pérdida de ese espacio podría ser dramática y hay que luchar para que no sea así”, defiende.

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