Libros clandestinos: 10 títulos que se leían a escondidas

Dos secretarias de la CIA deben llevar a cabo una misión en plena guerra fría: introducir en la URSS miles de copias de Doctor Zhivago, obra prohibida por el régimen comunista. El punto de partida de Los secretos que guardamos, novela de Lara Prescott que se publica ahora en castellano, devuelve a la actualidad un fenómeno por suerte ya superado, el de la difusión de obras literarias de manera clandestina.

A lo largo de la historia, la censura de distintas sociedades ha tratado de impedir que algunas obras circulasen libremente entre los lectores. Sin embargo, las ansias de muchos de ellos, avivada por la curiosidad por aquello que está prohibido, ha acabado por hacer que esos títulos circulasen de manera clandestina, en ediciones de otros países o en otras realizadas a espaldas de la ley. Son los libros que se leían sin que nadie estuviese cerca, que se escondían entre las librerías o en lugares más recónditos del hogar, por miedo a ser descubiertos.

Resulta casi increíble pensar que clásicos de la literatura española como El Lazarillo de Tormes fuesen libros proscritos, pero la obra anónima de la literatura picaresca fue uno de los títulos incluidos en el índice de libros prohibidos de la Inquisición española, a causa de lo que se consideró como una postura anticlerical en distintos pasajes. Se aprobó una versión que eliminaba esas referencias al clero, pero la obra siguió pasando de mano en mano en ediciones completas. Mucho más tarde, durante el franquismo, otra obra cumbre, La regenta, fue prohibida por su supuesto anticlericalismo. Desde el inicio de la dictadura hasta 1962, aquellos que quisieron leer una de las grandes novelas del siglo XIX tuvieron que recurrir a ediciones de otros países. Otra obra proscrita fue La colmena, que se publicó primero en Argentina antes que en España, con algunos pasajes censurados.

Otros regímenes totalitarios han perseguido de igual manera a aquellas obras que consideraban peligrosas o contrarias a sus principios. Al igual que el Doctor Zhivago, la Unión Soviética persiguió la publicación de obras como El maestro y margarita, que solo eran accesibles en el mercado negro. Adiós a las armas fue publicada en EE UU con algunas partes eliminadas, y prohibida en Italia durante el fascismo.

La representación del sexo ha sido otro de esos aspectos que ha hecho que muchas obras fuesen prohibidas por la autoridad, al mismo tiempo que acrecentaba la curiosidad de los lectores que estaban dispuestos a hacerse con una copia por los cauces no oficiales. Las obras del Marqués de Sade tuvieron que circular en la clandestinidad hasta el siglo XIX, y El amante de Lady Chatterley se publicó en 1932 con numerosos pasajes cortados y no fue hasta 1960 cuando se pudo leer la obra al completo, no sin antes sufrir un juicio por obscenidad en la que fue absuelta. Otro caso similar fue el de Henry Miller, que no vio publicada en Estados Unidos su Trópico de Cáncer hasta 1961, lo que provocó que se convirtiese en una novela de culto, o el de Lolita, que estuvo prohibido en Inglaterra o Francia durante un breve periodo de tiempo.

La opinión de los usuarios

3 Opiniones

ti

tioomo 11 febrero 2020

La Biblia, perseguida por siglos por supuestos cristianos.

m_

m_angstadt 11 febrero 2020

Ocho de diez leídos, y sin sentirme clandestino en ningún momento. Me faltan Justine y Lady Chatterley's Lover.

mb

mbelinda 10 febrero 2020

Es URSS.