Libros del siglo XXI imprescindibles para crear una biblioteca perfecta

Toda buena biblioteca tiene que incluir un buen número de obras clásicas que actúan como los puntales de una colección que aspira a resumir la literatura universal. Hay obras que todos conocemos y que han pasado al canon como los títulos imprescindibles que todos deberíamos leer al menos una vez en la vida. Muchas de ellas, sin embargo, solo llegan hasta el siglo XX, y a menudo dejamos de lado los libros más recientes, esperando a que el paso del tiempo los sitúe en el lugar en el que se merecen. Sin embargo, ya hay un buen número de obras que han visto la luz después del año 2000 y que, a buen seguro, serán imprescindibles durante las próximas décadas. Hoy repasamos algunas de ellas en una selección que, como siempre, podría ser aún más amplia, pero que representa una buena parte de la mejor literatura reciente.

Los maestros de la literatura británica que comenzaron a despuntar a partir de la década de 1980 no solo han seguido activos después del cambio de siglo sino que algunas de sus mayores obras han llegado justo después del año 2000. Es el caso de Ian McEwan, cuyo Expiación ha sido recibida como una de sus mayores obras, un trazado de la pérdida de la inocencia y de las complejas y dolorosas relaciones humanas. De la misma forma, Kazuo Ishiguro publicó mucho antes de recibir el Nobel Nunca me abandones, una de esas obras que parten de los sentimientos humanos para darles un enfoque en el que se proyecta una fábula distópica que nos habla sobre nuestro presente.

Un gigante como W. G. Sebald recibió con Austerlitz el reconocimiento definitivo a su carrera justo antes de su fallecimiento, Con ella, trazaba un recorrido por la historia de Europa, sus glorias y sus miserias. También en el siglo XX, pero en este caso mirando hacia el futuro, transcurre la obra de Don DeLillo, que en Cero K firmó su última gran obra adentrándose en los terrenos de la vida después de la muerte y el impacto de la tecnología en nuestras vidas. Y al pasado siglo también pertenece Joan Didion, quien con El año del pensamiento mágico firmó una de las obras más profundas y reflexivas sobre la muerte de un ser querido.

Dentro de los grandes narradores que nos han llegado con el cambio de siglo, Jeffrey Eugenides ocupa un lugar especial gracias a Middlesex, apasionante relato que une inmigración, herencias familiares y sexualidad. De igual forma, Colson Whitehead comenzó a erigirse como uno de los nombres de referencia de la actualidad con El ferrocarril subterráneo, mezcla de testimonio de la esclavitud en el sur de EE UU con toques de realismo mágico. Sobre los conflictos que viven las personas que se ven desposeídas por su color de piel o su condición de inmigrantes nos habla también Americanah, de una Chimamanda Ngozi Adichie que se ha convertido ya en una de las escritoras más influyentes de nuestro tiempo.

La literatura francesa, siempre dispuesta a romper los esquemas, sigue gozando de buena salud, como demuestran las obras de iconoclastas declarados como Michel Houllebecq y Emmanuel Carrére, y exploradoras del alma humana como Delphine de Vigan. Y una de las irrupciones más fulgurantes de los últimos años se la debemos a Olga Tokarczuk, que con Los errantes firmó una obra tan honda como atípica en su manera de traspasar géneros.

En la literatura escrita en español de este siglo es inevitable remitirse a 2666, el testamento literario de Roberto Bolaño y una obra tan monumental en formato como en expresión. Más recientemente, Nuestra parte de noche ha dinamitado géneros pasando del relato de terror a la historia de Argentina, todo hilado con una historia de herencias que pasan de padres a hijos. Y la crudeza de Fernanda Melchor en Temporada de huracanes, testigo de la violencia y las relaciones de poder, es otra de esas obras recientes que merecen un lugar destacado en la producción literaria reciente.

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