Libros esenciales que nos hacen un poco más libres, por Inma López Silva

Inma López Silva tenía claro el tema sobre el que iba aarticular su última novela, El libro de la hija, cuando un charla con un preso acabó por darle forma. “Cuando se produjo ese encuentro, acababa de decidir el tema de la siguiente novela que escribiría”, explica a Librotea la autora gallega. “Suelo hacerlo así: decido un tema, una idea, algo que me obsesiona, y posteriormente busco la historia idónea para tratarlo. En este caso, yo tenía una intención muy clara: quería hablar sobre la ética de la verdad frente a la mentira desde el punto de vista de nuestra responsabilidad individual y colectiva, pero no encontraba la historia para centrar el asunto. Cuando aquel hombre me llamó, sin embargo, acudí a la entrevista con mucho escepticismo, pues esperaba encontrarme con una de tantas historias de la cárcel. El relato del café que se toman en el primer capítulo Helena, la protagonista, y Fernando, el preso de permiso, es absolutamente fiel a lo que yo misma viví en mi encuentro con el hombre cuya identidad he guardado. Yo, como Helena, mantengo esa conversación con aquel hombre, y me encuentro a mí misma teniendo que tomar una decisión esencial: ¿quiero creerlo?”.

La duda, la elección sobre si creer a alguien o no, especialmente a alguien que niega haber cometido un terrible crimen, es por tanto el motor de una narración en la que la protagonista, Helena, debe posicionarse. “Es una decisión que, en realidad, es de orden político: la elección del punto de vista desde el que decida enfocar el asunto no es baladí. ¿Por qué no jugar en la novela, justamente, con las implicaciones de esa duda? ¿Qué ocurre si se las trasladamos a la persona que lee? ¿Qué significa, más allá del juicio penal, aceptar la versión de un violador de hijas o aceptar la versión de una hija violada por su padre? Esa disyuntiva no es exclusiva de juristas o periodistas, sino que, en un momento dado, cualquiera ha de enfrentar una decisión de ese tipo. No tomarla no es una opción, sino que forma parte de nuestra vida diaria, del trato íntimo con nuestros familiares y de nuestra posición en la comunidad”, explica.

El libro de la hija es un libro sobre la verdad en un momento en el que este concepto se ha querido desdibujar hasta empañarlo casi por completo. No en vano, su protagonista es una periodista. “Lo es por dos motivos”, explica López Silva. “El primero y más importante, porque esa faceta me permitía explicar claramente las implicaciones de la duda y la importancia del compromiso en el sentido que explicaba antes. El segundo, porque en este tiempo de fake news y de mercantilización de la prensa, quería hacer un homenaje a un determinado tipo de periodismo, o más bien, al sentido democrático del periodismo. Deseaba hablar de esas periodistas que entienden que hay un sentido casi libertario y en ocasiones revolucionario en la información, con su manera de enfocarla y transmitirla. Deseaba reivindicar el parentesco maravilloso entre ese periodismo y la capacidad de la ficción para colocar a las personas en lugares en los que la rapidez del día a día y el sesgo informativo no les permite situarse”.

Esa búsqueda de la verdad conlleva inevitablemente encontronazos con el poder establecido. “El personaje de Helena me permite situar en ella algo que me parecía importante en la novela: la oscilación entre lo íntimo y lo público”, narra López Silva. “La Helena hija, madre, amante y esposa es también alguien que se confronta a diario con el poder, con lo público, con las consecuencias colectivas de decisiones que comienzan en los espacios más íntimos. A través de ella y de su profesión podría explicitar esa doble dimensión de todo lo que hacemos y la cadena que une lo privado con lo público: si toleramos la intolerancia en nuestros espacios más próximos, pronto los intolerantes campan a sus anchas en las calles, en los colegios de nuestras hijas, en nuestros trabajos, en los parlamentos… Por eso Helena, casi sin darse cuenta, convive en su casa con el mismo fascista que ha ido creciendo también en su entorno no tan próximo hasta hacerse con el poder. ¿Os suena de algo?”, se pregunta.

El libro de la hija transita por cauces que, según su autora, querían evitar el concepto de género. “Podía desvirtuar aquel tema inicial que yo quería tratar: la ética de la verdad frente a la mentira”, afirma. “Es verdad que hay un hilo conductor en ese asunto del abuso sexual en el ámbito familiar que la acerca al thriller, pero hay otro en el auge de la extrema derecha que tiene que ver con una novela más política; está la dimensión emocional y sentimental de los personajes, que canaliza toda la reflexión sobre los distintos tipos de amor; está también la reflexión sobre la maternidad/paternidad desde la perspectiva de que es la relación que realmente mueve el mundo. Tenía, eso sí, un objetivo importante: el estilo debía ser ágil. Soy consciente de que es una historia dura que, además, confronta a lectoras y lectores con todo lo oscuro del ser humano, así que decidí muy conscientemente que esos lectores debían querer seguir leyendo a pesar de la dureza”.

Estantería

La opinión de los usuarios

1 Opinión

sa

sabaska 18 mayo 2020

Demasiada Felicidad
Se lee de un sorbo; Cada relato te impulsa a leer el siguiente y el siguiente como si de una única  historia polifacética se tratara. Un hilo negro con nudos multicolor intercalados.

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