Libros extraordinarios para entender nuestro presente, por Lorenzo Silva

El mal de Corcira no es solo la décima entrega de una de las sagas más fecundas y celebradas de la narrativa negra española, la protagonizada por Rubén Bevilacqua; también es la novela que Lorenzo Silva tenía pendiente escribir desde hacía décadas. “En la primera novela de la serie, que escribí en 1995, quise que Bevilacqua dijera, así como de pasada, algo sobre el tiempo que estuvo en el norte, y todo el mundo sabía lo que eso significaba en ese momento. No estaba ahí por casualidad”, confirma Silva en una conversación con Librotea. En efecto, esas alusiones que han ido salpicando la serie del guardia civil sobre su pasado en relación con la lucha antiterrorista por fin salen a la luz en una obra que tiene tanto de revelación de su personaje como de vinculación emocional para su autor.

“Tengo una foto de mi segundo cumpleaños, un siete de junio, el día en el que ETA mató al primer guardia civil”, relata Lorenzo Silva. “No era consciente de nada entonces, pero a los seis o siete años ya empecé a darme cuenta de que vivía en una colonia militar, y veía que mi padre cambiaba su itinerario todas las mañanas, y que a veces mandaban soldados a patrullar por la colonia. Yo preguntaba qué estaba pasando, y me contaron que había una cosa llamada ETA que podía matar a mi padre y a mis vecinos. Y pasó: en mi barrio atentaron, mataron a uno de mis vecinos y estalló un coche bomba cerca de donde yo iba al colegio”. Esa sombra del terrorismo siguió presente con los años. “Un día, yendo por la M-30 a trabajar, coincidí con el atentado del año 2000 con el que rompieron la tregua”, continúa. “Explotó a 500 metros de donde yo estaba, vi la columna de humo negro elevarse. Todo eso estaba ahí desde siempre, y yo he ido recogiendo materiales de una historia que es muy significativa para mi generación y para la España contemporánea”.

Una vez más, Silva se sirve de la novela negra para presentarnos algo de lo que somos, una parte oscura de nuestra historia que todavía no ha cicatrizado del todo. “A mí el género en sí no me interesa, no me interesa en sí el criminal, ni siquiera el policía, me interesa lo que de la mano del crimen y lo que a través de la mirada, en este caso de un policía, me muestra”, asegura. “Hay autores de novela negra que, de manera legítima, tienen otras inquietudes, pero para mí este es el camino. No lo propongo como regla a nadie más que a mi mismo, pero lo he dejado muy claro”.

¿Si esta historia ha estado tantos años latente, ¿por qué ha tardado tanto en llegar? “Es una historia muy importante, para el propio personaje y también para la sociedad, y no quería quedar por debajo de la altura del desafío”, explica Lorenzo Silva. “Es una historia muy compleja, llena de aristas. Hacer un reportaje o un ensayo es más fácil, pero traducir esto en una peripecia novelesca, en aventuras individuales, es uno de los retos más complejos que me he puesto como novelista. También he descubierto que tardar no sé si 20 años en escribir una novela está muy bien, porque cuando te pones a hacerlo en el puchero tienes muchas cosas”, añade.

A esa complejidad, además, debemos sumarle el hecho de que la fractura social provocada por el terrorismo está ahora más apaciguada. “Una organización terrorista es una gestora de los sentimientos colectivos, normalmente para su propio beneficio”, asegura Silva. “Genera una alta intensidad emocional en la sociedad. A una parte de la sociedad la amedrenta, lo cual es su objetivo principal. Al conjunto de la sociedad la conmociona. Hay otra parte a la que encona y solivianta, y hay otra parte a la que enardece. Todo eso es muy complicado para hacer un ejercicio de análisis y reflexión que supone hacer una novela, que es algo que tiene una vocación de perdurar y trascender el momento”.

Con El mal de Corira, Silva también pretende mostrar una parte de la lucha contra el terrorismo que, al menos en la ficción, no se ha reflejado con profundidad. “Cuando estaba escribiendo esta novela tenía la sensación de que me estaba ocupando de algo de lo que era importante ocuparse, porque empieza a haber una cierta literatura, y hasta un cinematografía copiosa, sobre ETA, pero siempre se elude o coloca al fondo a los personajes que protagonizaron esta historia, que no eran vascos en su mayoría y que, sin embargo, han tenido una intervención decisiva en que esto acabara como acabó, que son los guardias civiles. ¿Por qué esa ausencia? ¿Por qué cuando aparece uno en una película o serie se le pinta con tres trazos, es un personaje muy simplificado cuando se emplea mucho tiempo en explicar como un señor no solo piensa que matar está bien, sino que tiene que convencer a todos los demás de que está bien?”.

Guardia civil honorario desde 2010, Lorenzo Silva ha cambiado la manera en la que muchos lectores perciben a ese cuerpo con Bevilacqua, aunque admite que “persisten algunos tópicos y prejuicios”. “A mí gente me ha dicho que cuando vio la primera novela de la saga, le dio la vuelta y vio que protagonista era un guardia civil volvió a dejar el libro en la pila de la librería”, recuerda. “A estas alturas eso me lo pueden haber contado cientos de lectores. Cuando publiqué la primera novela, mucha gente me decía: ‘La unidad esta central que te inventas aquí es un cuento chino para hacer ver que la Guardia Civil es como el FBI, ¿no?’. Esa famosa unidad central era la Unidad Central Operativa (UCO,) que ya existía, y casi nadie la conocía. Hoy en día, si no se conoce es porque no se lee la prensa habitualmente”.

Para complementar la lectura de El mal de Corcira, Lorenzo Silva nos recomendó una serie de libros que, además de ayudarle en el proceso de creación, nos dicen mucho sobre nuestro pasado reciente.

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