Libros extraordinarios que no pueden faltar en nuestra biblioteca, por Joël Dicker

Cada novela de Joël Dicker viene precedida de una gran expectación desde que el joven autor suizo se convirtiese en uno de los escritores más vendedores del mundo con el famoso La verdad sobre el caso Harry Quebert. A medio camino entre el misterio y la profundidad psicológica, sus obras han conectado con un buen número de lectores que buscan esa dosis de intriga apta para todos los públicos. E intriga hay en El enigma de la habitación 622, su recién editado libro, pero también hay unas cuantas diferencias con sus obras anteriores. En primer lugar, el propio Dicker juega intrioduciendose en la novela: su personaje, llamado Joël, es un escritor que se ve inmerso en una investigación de un asesinato ocurrido en el mismo hotel en el que se aloja unos años antes. El segundo, es que ese hotel no está ubicado en EE UU, como sus obras anteriores, sino en su ciudad, Ginebra.

“Esta es una novela de homenajes”, explica Dicker desde París en una videollamada, el método ya instaurado para las entrevistas en la realidad actual. “Rindo homenaje a Ginebra, a la literatura que me gusta… Hay pequeños guiños, como un personaje que se llama como el chófer de Proust”. Dentro de esos tributos hay uno fundamental, el que realiza a Bernard de Fallois, su editor, fallecido el pasado año. “Hacía mucho tiempo que tenía ganas de hablar de Bernard, y de hecho lo decía públicamente”, explica. “Aunque no hubiese muerto habría hablado de él, porque quería que mis lectores le conociesen. Él siempre ha formado parte de mi ser, yo soy escritor gracias a él ¿Si el libro hubiese sido igual si Bernard estuviese vivo? Seguramente sí. ¿Y él habría aceptado aparecer en el libro? Ahí no estoy tan seguro, porque era muy discreto y no le gustaba que hablasen de él”.

De Fallois es, en efecto, una figura paterna en lo literario para Dicker. “Era como el entrenador de un boxeador, ese que está en la esquina del ring y que motiva, anima y también te entrena”, recuerda Dicker. “Hay una relación a largo plazo entre un escritor y su editor. Hay que escribir todos los días, y hay días que van bien, pero en otros surgen dudas… Bernard desempeñaba esa función conmigo”. Sobre utilizar por primera vez a su ciudad como marco literario, Dicker puntualiza: “Tenía muchas ganas de escribir sobre mi ciudad, pero no es la Ginebra real, es una Ginebra novelesca. Cuando estaba trabajando en el libro me di cuenta de que no quería describirla, sino hablar de ella a través de los personajes, proyectar mis emociones sobre ella. Explicar qué siento cuando paseo junto al lago, por ejemplo”.

Esa Ginebra también le da pie a entrar, aunque sea lateralmente, en uno de los aspectos más herméticos de su país: la banca. “La banca privada es un mundo repleto de secretos, con misterios, con muchas cosas en juego. Es uno de los pulmones de la economía suiza, los necesitamos, dan trabajo a mucha gente pero, al mismo tiempo, es un mundo que los propios suizos no conocen bien”, explica. “Eso me permitió tener la libertad a la hora de escribir, para imaginar. “No creo que esta novela trate de dar ninguna explicación de cómo funciona el mundo de la banca, no se entra en eso”, puntualiza. “Es un elemento que introduje para establecer la relación entre un padre y su hijo espiritual y su hijo biológico. Necesitaba una empresa para hacer esa conexión entre ellos, y la empresa que me permitía expresar ese tipo de códigos”.

Como en todas sus obras, en El enigma de la habitación 622 hay un misterio por resolver y una investigación, pero Dicker siempre se ha mostrado reacio a ser clasificado dentro del género negro o el thriller. “No me molesta que me clasifiquen, más bien siento la necesidad de explicar que si tratan de encasillarme en un género siempre voy a decir que la literatura es algo muy rico, y que existe un espectro casi infinito de géneros”, puntualiza. “En mis libros incluyo elementos de la literatura que me gusta. Hay un asesinato y una investigación policial, que es el motor de la novela, lo que hace que avance, pero también se habla del amor, de la transmisión, de la lealtad, del sentido de la vida… Todas esas cosas están ahí. Si me preguntan qué libro te llevarías a una isla desierta siempre digo que no hay un único libro, hay muchos, si me gusta leer es porque la literatura tiene una multiplicidad de elementos, es un todo”.

Puede que no Dicker no fuese capaz de elegir un solo libro para ser un moderno Robinson Crusoe, pero sí que quiso compartir con nosotros algunos de esos libros que, para él, son imprescindibles.

Estantería

La opinión de los usuarios

2 Opiniones

pr

procrast 28 junio 2020

Me gusta mucho este escritor y espero que su nueva novela esté a la altura de las anteriores.

au

aureavicentadesanz 23 junio 2020

Habrá que leerla, parece muy interesante la novela. Gracias. P.D.: Magnífica selección de obras por parte del escritor.

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