Libros hermosos y reveladores, por Lucía Carballal

“El teatro está muy herido”, dice Lucía Carballal. La dramaturga y guionista madrileña, que combina su trabajo escribiendo obras como La resistencia y Las bárbaras con los libretos de series como Vis a Vis, tuvo que recurrir a alternativas durante el confinamiento para intentar que esa herida no se abriese más. “Recibí un encargo de Alfredo Sanzol, director del Centro Dramático Nacional, en pleno confinamiento”, recuerda sobre el proyecto La actriz y la incertidumbre, se pudo ver en la web del CDN. “La propuesta era clara: mantener el teatro con vida mientras no podía hacerse y, al mismo tiempo, abordar temáticamente todo lo que estábamos experimentando. Éramos nueve autores. Las piezas breves que escribimos se grabaron en el teatro vacío, es decir, sin público, y se diseñaron para verse a través de la pantalla. Lo sentí como si lanzáramos una bengala y dijéramos: ‘Estamos aquí, volveremos”.

Aunque Carballal sostiene que el teatro “sobrevivirá porque siempre lo ha hecho”, recalca que se necesitan respaldos. “¿Se considera que pasar tres horas en un avión abarrotado, por ejemplo, es menos peligroso que ir a un teatro que cumple rigurosamente las normas de prevención? Ese automatismo fue muy revelador: cancelar la cultura como acto reflejo, como gesto de “acción” aunque este no sirviese para nada más que para dañar al sector. La situación es grave y solo saldremos de esta con el apoyo radical de las instituciones y del público”.

Como otros muchos artistas, Carballal confiesa que vivió semanas de bloque creativo. “Algunos autores tuvimos el privilegio de poder bloquearnos mientras gran parte de los ciudadanos tuvo que trabajar aún sintiéndose paralizada”, explica. “Durante las primeras semanas no sentí la distancia necesaria para poder fabular, para la escritura. Con el tiempo, he agradecido haberme entregado a la realidad, haber estado cerca de lo que sucedía y de los demás y no refugiada en el trabajo como en otros momentos de mi vida”. Una vez pasada esa etapa, comenzó a dar forma a Los pálidos. “Es una obra de teatro en la que aún estoy trabajando. Básicamente, es una declaración de amor al oficio de contar historias y también una reflexión en torno a sus aspectos más controvertidos, como la exigencia de hacer pedagogía a través de la ficción. Con esta obra, me gustaría que el espectador se hiciese más consciente de la importancia de sus decisiones. En algunos sentidos co-escribimos con él”.

Carballal escribe teatro “desde los 19 años”. “Crecí en el teatro. Así que soy una dramaturga que ha encontrado en el audiovisual un segundo hogar. Son dos mundos muy distintos y en muchos sentidos opuestos. Yo siento que el viaje de uno a otro me hace profundizar en ambos, comprenderlos mejor por contraste. La sensación es la de hablar varios idiomas: cada uno de ellos te transforma mientras lo estás hablando. Aún hay puristas que creen que son dos pasiones incompatibles”.

Esa necesidad de contar historias nace también de la necesidad de leerlas. Carballal recuerda sus primeras lecturas, especialmente El jardín secreto de Frances Hodgson Burnett, la mítica Todos los detectives se llaman Flanagan de Andreu Martín y Jaume Ribera, las novelas de Roald Dahl… En la adolescencia se aficionó a la poesía: “Kavafis, Cernuda, Whitman, Ajmátova… Echo de menos aquella manera de leer en la adolescencia, esa capacidad de sumergirme completamente.

Lo que más leo ahora son obras de teatro. Me gusta descubrir todo eso que hacen fuera y que no puedo ver, especialmente en Inglaterra y Alemania. Peleo por leer cosas que no se relacionen con lo que estoy escribiendo en cada momento: en narrativa adoro a Houllebecq, Carrère, Duras… Los cuentos de Cheever, Doctorow y Kureishi… También me gusta mucho el ensayo: Butler, Berger, Barthes…”. Entre todos ellos, selecciona para nosotros algunos favoritos recientes.

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