Libros para ver el mundo con ojos nuevos

Aparte de los invidentes y los que padecen una rara enfermedad genética llamada acromatopsia, todos vemos la vida en color y la vida incluye pinturas, fotografías, cómics, anuncios, películas, paisajes, comidas y un millón de cosas más. En realidad vemos mucho más que colores, vemos el cúmulo de ideas e historias que los humanos hemos ido asociando a toda la gama cromática. No es casualidad que Caperucita vista de rojo o Robin Hood de verde. Los colores contribuyen a definir una identidad. Uno puede disfrutar del misterio que envuelve a la película Vértigo de Alfred Hitchcock sin reparar en el papel que juegan los colores en general y el verde en particular, pero se estaría perdiendo uno de los aspectos más fascinantes de la obra maestra del director inglés. De estas cosas habla Riccardo Falcinelli en Cromorama, un repaso a la historia de los colores para explicar cómo han transformado nuestra mirada y, en consecuencia, nuestra visión del mundo.

Hay una ciencia que –cortesía de Newton- nos enseña las leyes que rigen los colores, estudiando sus causas y demostrando que el amarillo, el rojo o el azul no están en las cosas sino dentro de la luz. De ahí que nosotros, iluminados por la corriente eléctrica, no apreciemos los mismos colores que vieron quienes habitaron entre velas, cirios o lámparas de aceite. Sin embargo, nunca entenderíamos nuestra relación con el color leyendo doctrina científica. Para eso, es necesario acudir a los artistas. De hecho, fue un poeta, Goethe, el primero en incidir en que los colores existen en función de nuestras experiencias, abriendo así una puerta por la que entraron los mejores pintores del XIX a retratar las cosas no como son, sino como las elabora nuestra psique. Nadie mejor que Michel Pastoreau para contar las mil y una historias que hay detrás de cada color, de la autoridad del negro a la mala reputación del verde, como hace en Los colores de nuestros recuerdos, mezclando la historia, el arte y sus propias memorias.

Ahora bien, las imágenes son mucho más que colores y nuestra mirada está rodeada, bombardeada más bien, por imágenes como representaciones artificiales del mundo y en los formatos más diversos. Para saber mirarlas con algo más que los ojos, fijándonos en el dominio de la perspectiva, en el punto de vista o la composición, para saber tasarlas en lo que valen, pocas obras tan audaces como Una historia de las imágenes escrita por uno de los grandes de la pintura del siglo pasado, David Hockney, con el crítico de arte Martin Gayford. Al tiempo que desentrañan los secretos de las mejores imágenes –de Las meninas a Casablanca pasando por un mapamundi del siglo XV, una fotografía de Cartier-Bresson o una viñeta de Joe Sacco-, nos ayudan a entender por qué algunas de ellas resultan inolvidables, por qué no pierden capacidad de influencia o por qué significan cosas diferentes para sucesivas generaciones de espectadores.

A Hockney siempre le ha interesado indagar y contarnos cómo en el siglo XVII los pintores transformaron su mirada al utilizar lentes para acertar con las proporciones o poder experimentar mejor con la luz. Entre los artistas que aprovecharon las posibilidades de la cámara oscura, uno destaca sobre los demás: Johannes Vermeer. El pintor de La joven de la perlaes uno de los protagonista del El ojo del observador, de la historiadora Laura J. Snyder, donde se explican las técnicas que utilizaba el genio de Delf para mirar de una manera nueva a las modelos de sus pinturas.

En la bibliografía de la mirada moderna hay un clásico incontestable: son los Modos de ver de John Berger, un imprescindible de la teoría del arte y la comunicación escrito hace más de cuatro décadas. Sus páginas son fundamentales para comprender cómo el lenguaje publicitario ha fagocitado la imagen artística en su beneficio. Aún más antiguo pero siempre debidamente reeditado es el Diccionario de símbolos del poeta Juan Eduardo Cirlot, esencial para ir más allá de que la manzana simboliza los deseos terrestres y las semillas la fertilidad, para navegar entre poemas y obras de arte percibiendo así mucho más de lo que leemos y vemos a primera vista. En esa línea está asimismo la Historia del mundo y del arte en Occidente, de Francisco Calvo Serraller y Juan Pablo Fusi, que ofrece un recorrido por la historia del arte, desde el Jardín de las delicias del Bosco a uno de los últimos lienzos de Lucian Freud, poniendo tanto empeño en los milagros del pincel como en explicar el contexto político, social y económico de su creación.

Lo cierto es que si hay un momento en que nos gusta tener una mirada bien formada, presumir de una mirada que deje claro que no nos falta criterio personal, acreditado buen gusto y capacidad para el disfrute, ese momento es cuando estamos frente a un buen cuadro y hay testigos dispuestos a escucharnos. Hay para eso bibliografía para llenar varios museos, pero puede resultar más inspirador cuando aprendemos a mirar una pintura de una forma menos ortodoxa y más libre. En los últimos años hemos comprobado que, a diferencia del experto en arte, la mirada del novelista sabe zafarse de la rígida erudición y conceder más protagonismo a la imaginación. Antonio Muñoz Molina, autor de El atrevimiento de mirar, cuenta que sus maestros a la hora de escribir de artistas y sus obras fueron un novelista como Marcel Proust y un poeta como Baudelaire. De esa libertad van también sobrados, cuando escriben de arte, Félix de Azúa y Julian Barnes como demostraron el año pasado con Volver la mirada y Con los ojos bien abiertos, respectivamente. Dos escritores de primera desmenuzando por escrito épocas, movimientos, artistas y lienzos, y poniendo su talento narrativo al servicio de unas cuantas biografías, con algunas antipatías (Picasso) y simpatías (Cézanne) comunes. Más o menos objetivos, más o menos personales, esta decena de libros proporciona entretenimiento y nociones para educar el modo en que miramos cuanto nos rodea, sobre todo el arte.

La opinión de los usuarios

1 Opinión

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fletxallibre 04 agosto 2020

Un libro que recomendar en este sentido: "La Era del Vagamundo" de Ricard Gil-Galad.

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