Libros que demuestran que la felicidad no es una utopía

Es ese estado mental que todos ansiamos y que pocos, muy pocos, logran alcanzar. La felicidad es esquiva y muchos dudan de que exista realmente, pero hay unos cuantos libros que nos permiten, si no instalarnos plenamente en ella, sí descubrir que hay momentos en los que podemos vivir en ella. A veces se trata de personajes que nos enseñan que hay otros caminos posibles, en otras ocasiones son las propias historias, cargadas de encanto, las que nos sumen en un estado de placidez, e incluso podemos llegar a un estado de paz mental gracias a las reflexiones de grandes autores. Sea como sea, estos libros nos enseñan que es posible ser feliz, aunque sea durante unos momentos.

El protagonista de Brooklyn Follies se recupera de un revés médico y otro sentimental y afronta lo que le queda de vida (que intuye que será poco) en el Brooklyn de su infancia, encontrando algo muy parecido a la felicidad. Otro hombre en la recta final de su vida, un militar retirado y viudo, es el protagonista de El mayor Pettigrew se enamora, otra de esas obras que demuestran que la vida puede cambiar incluso cuando uno ya no espera nada de ella. Y Alegría, de Manuel Vilas, comparte cierto espíritu con ambas, a través de los recuerdos de su narrador y la búsqueda decidida de eso que todos anhelamos.

La agudeza y el ingenio son dos armas maestras para hacernos llevar de un estado anímico pobre a uno mucho más elevado. P. G. Woodehouse, con su serie de novelas de Jeeves, no solo nos hacer reír con las peripecias del ayudante de cámara de un noble británico, sino con sus sutiles apreciaciones del comportamiento humano. Otra autora británica que supo mirar la realidad y convertirla en humor es Stella Gibbons, que en La segunda vida de Viola Wither nos presenta a una joven que pasa de la riqueza a la pobreza para vivir con su familia política, situación que no le impedirá seguir buscando su propia felicidad. Y Caitlin Moran, también británica, nos enseñó en Cómo ser mujer el camino desde su adolescencia a su madurez, no exento de obstáculos, a través del humor y las ganas de comerse el mundo.

Los mundos ligeramente oníricos de las fábulas también nos sirven para descubrir otras manera de mirar la vida. El protagonista de El submayordomo Minor se enfrenta a todo tipo de dificultades, pero siempre con la mirada puesta en el amor y en una vida mejor que la que le fue entregada al nacer. De igual forma, La elegancia del erizo es de esas obras que nos demuestran que a través de la amistad se puede llevar una vida más plena.

La naturaleza, por último, puede ser el vehículo que nos ayude a cambiar nuestra forma de percibir el mundo y sus miserias. En Un paseo por el bosque, Bill Bryson y un amigo suyo se proponen realizar a pie un trayecto de 3.500 kilómetros en los montes Apalaches acompañado tan solo de un amigo y de sus agudas observaciones de la vida.

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