Libros que despiertan el deseo dormido

El deseo se parece mucho al cerebro, quizás porque el primero tiene origen en el segundo: si no se ejercita, se acaba marchitando. La situación actual, repleta de incertidumbres y consignada a un espacio cerrado, puede acabar siendo un enemigo letal para la libido. La literatura, como en tantas otra ocasiones, acude al rescate. Hoy recuperamos una serie de obras que, sin caer en la novela erótica, tejen una radiografía del deseo, de esas pulsiones humanas que nos arrastran y nos hace sentir un poco más vivos.

El deseo y la sexualidad son temas tan antiguos como la propia humanidad, pero no se han tratado de la misma forma a lo largo del tiempo. Con la amenaza siempre constante de la censura y el puritanismo, muchas obras han explorado los mecanismos de una emoción profundamente humana desde distintos puntos de vista. En Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos indaga en el deseo y la seducción como un arma de poder y de venganza. Otra obra que causó conmoción en la sociedad de la época fue El amante de Lady Chatterley, no solo por el contenido considerado erótico para aquellos tiempos, sino porque ponía en el centro de la obra el deseo femenino y un amor prohibido en la Inglaterra separada por clases sociales.

Otra obra clásica que indaga en los vericuetos del deseo desde la perspectiva femenina es El amante, un tratado del despertar de la sexualidad y de relaciones prohibidas para los convencionalismos sociales. La gata sobre el tejado de zinc caliente, obra que admite varias lecturas, es también un texto que nos habla sobre una pareja en la que una de las dos partes se ha perdido esa pasión sensual.

Durante las últimas décadas, el deseo se ha expresado de forma mucho más directa y sin tapujos, ya sin la sombra de la censura, aunque no pocas obras todavía son vistas como “escandalosas” por algunos sectores de la sociedad. Mientras las librerías se llenan de manuales sobre la vida sexual y la novela erótica vivió su particular explosión, el deseo como sentimiento, ligado o no al amor, y su descubrimiento siguen alimentando grandes obras. En Deseo, Elfriede Jelinek explora los rincones más oscuros del sexo y la relación de poder que a menudo va unida a él en una obra cruda y con una mentalidad antiburguesa.

Al igual que las relaciones, la literatura sobre el deseo se diversifica, y refleja distintas realidades y apetencias. El azul es un color cálido, la novela gráfica que fue adaptada al cine como La vida de Adèle, es el retrato de un despertar sexual, aunque también emocional, de una joven de la mano de una chica mayor que ella. En La carne, Rosa Montero se vale de una relación eventual entre una mujer madura y un gigoló para ahondar en la capacidad de la sexualidad para arrastrarnos a lugares insospechados y para hacernos sentir vivos. Y en Variaciones Enigma, André Aciman nos sumerge en los recuerdos de un personaje que hace recuento de su vida sentimental a través de añorar los cuerpos y las sensaciones que le produjeron sus distintos amantes, hombres y mujeres.

El deseo, por último, ha estado cada vez más asociado al sexo, cuando no son necesariamente la misma cosa. En El pudor del pornógrafo, Alan Pauls contrapone amabas cosas, mostrándonos la vida de un experto en pornografía que se enfrenta a las incertidumbres del amor. Fuera ya de la novela, David M. Buss intenta responder a preguntas eternas sobre la atracción entre dos personas en La evolución del deseo.

La opinión de los usuarios

1 Opinión

ls

lscalle 24 mayo 2020

John Rechy - "The coming of the night"

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