Libros que juegan con nuestra memoria, por Rodrigo Fresán

Rodrigo Fresán no recuerda cómo era antes de haber querido ser escritor. “No tengo memoria de otra cosa”, asegura. “Nunca quise jugar en la selección de fútbol de niño, ni ser Batman, corredor de fórmula 1 o presidente, o científico… Nunca hubo un plan b. A veces me gustaría saber cómo es tener un salvavidas, saber hacer algo bien, pero no hay nada más… Nunca hice ninguna otra cosa bien”.

El autor argentino responde a las preguntas de Librotea en plena promoción de La parte recordada, el volumen con el que cierra una trilogía que se adentra en la creación literaria, un proyecto mastodóntico (en hondura y en tamaño, su tercera parte supera las 700 páginas) que le ha llevado a explorar esa fina línea que, en algunos casos, existe entre literatura y vida. “Son como actividades siamesas, muy diferentes pero unidas por un cordón umbilical y a veces incluso compartiendo órganos”, confiesa. “Cuando las separas a veces también mueren, como les pasa a los siameses”.

Cuando comenzó, con La parte inventada, esta atípica trilogía, el propio Fresán no sabía que iba a acabar ocupando tres volúmenes. “El objetivo no era hacer una trilogía, pero sentía que no había contado la historia completa de lo que le pasa a esta persona. Estos tres tres impulsos, las tres acciones verbales, están en cualquier acto narrativo”, dice sobre ese triángulo que completa La parte soñada. Y no por casualidad, la memoria se reserva el cierre de la obra. “En el recuerdo está todo, también lo que se decide olvidar”, cuenta.

La función de la memoria, y sus oscuros pasadizos, es por tanto una de las claves del libro, tanto más cuando ese proceso interno se mezcla con la escritura. En ese sentido, la mente del escritor es un espejo en el que la realidad se deforma, más allá de la llamada literatura del yo. “Vivimos una época de enamoramiento de la realidad”, asume Fresán. “Nabokov decía con mucha gracia que realidad es aquella palabra que siempre debería escribirse entre comillas.Que hay una realidad mundial que es una ilusión consensuada para no volvernos locos. La literatura del yo, que siempre existió, aunque de una manera más mesurada y justificada por el talento, me parece que es una consecuencia de las redes sociales. La gente se ha acostumbrado a pensar que todo lo que hace es interesante y digno de ser comunicado. Dentro de poco vamos a leer una novela sobre una uña encarnada”.

Otro de los ejes que surcan La parte recordada, al igual que sus antecesores, es las referencias culturales, que van sin discriminación de la literatura clásica al pop. “Todos los libros tienden a apropiarse de ciertos fenómenos de su tiempo para redondear una historia, como la presencia del tango en Borges. Era lo que había, aunque ahora se ve como histórico. Todo termina siendo novela histórica”, apunta.

Para acabar la charla, le propusimos a Rodrigo Fresán que nos hablase de sus libros favoritos que tratan sobre la memoria y el recuerdo. Mientras hacía memoria, le llegó una revelación: “Ahora me doy cuenta de que esos son los libros que más me gustan”.

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