Los cataclismos literarios que han marcado a Siri Hustvedt

Siri Hustvedt recuerda con claridad el libro que le cambió la vida. A los 11 años, un pequeño volumen de poemas escogidos de Emily Dicksinson, regalo de su madre, se convirtió en lo que ella denomina “un cataclismo”. “No estaba muy segura de qué querían decir muchos de esos poemas, y ahora no podría citarlos, pero los leí una y otra vez y fue un despertar dentro de mí, nunca lo olvidaré”, asegura. “Todavía leo a Emily Dickinson cada semana”.

A ese primer cataclismo siguieron otros, en esta ocasión en forma de novelas. “David Copperfield, Jane Eyre…”, enumera. “Otra novela muy compleja que, a los trece años, no comprendía del todo, pero el impacto emocional fue enorme”. Pero la narrativa no ha sido, ni mucho menos, la única de las influencias de la escritora estadounidense. “A veces los filósofos te dejan con la boca abierta”, explica. Ella destaca a dos: Maurice Merleau-Ponty y Kierkegaard. “Creo que todos los autores que me gustan, como los que he mencionado aquí, no tienen fin”, concluye.

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