Los libros detrás de 'El mercader de la muerte', por Gervasio Posadas

El Mónaco de entreguerras es el lugar y el momento en el que regresa para José Ortega, el periodista buscavidas que nos presentó Gervasio Posadas en El mentalista de Hitler, regresa para inmiscuirse en el curso de la Historia. En El mercader de la muerte asistimos a un desfile de personajes que van desde la alta sociedad a los que buscan un golpe de suerte en el casino y aquellos que ven en el signo de unos tiempos turbulentos una oportunidad de enriquecerse. Un entorno incierto en el que Ortega se internará en la intrahistoria del mayor conflicto del siglo XX.

“Me fascinan las similitudes que esa época guarda con el momento actual”, explica Posadas. “Es un periodo donde surgen nuevas ideologías que parecen tener la solución a todos los problemas, de auge del nacionalismo y el comunismo, de una enorme polarización política, de puesta en cuestión de la democracia, de líderes mesiánicos, de crisis económica, de un increíble avance tecnológico, de una batalla constante entre la verdad y los fake news; las lecciones de la historia no pueden tomarse de forma literal, pero hay paralelismos evidentes y muy reveladores”.

En ese momento de inflexión, encontramos a una figura real, uno de esos nombres que se mantienen en las sombras pero cuyas acciones han resultado decisivas en el curso de los acontecimientos. “Desde pequeño he sido muy tintinofilo y después de muchos años sin hacerlo, volví a releer por casualidad La oreja rota. Allí me encontré con Basil Bazaroff, un despiadado traficante de armas que vende a ambos bandos de un conflicto”, recuerda Posadas. “Intuí que se trataba de un personaje real y cuando empecé a buscar en internet me encontré con una vida fascinante y llena de misterios, absolutamente novelesca. Siempre me han gustado los personajes olvidados, los que nadie recuerda, pero que tienen una gran trascendencia en los hechos históricos de su época”.

Zaharoff, explica Posadas, “apenas aparece en los libros de Historia, pero tuvo un papel determinante en la agitación geopolítica de los primeros años del siglo XX, una influencia que a veces usó para provocar conflictos entre los distintos países y otras para apoyar a causas justas, como cuando se convirtió en una especie de super ministro de armamento de los aliados durante la Primera Guerra Mundial. Eso si, sin perder nunca de vista su propio beneficio”.

En ese entorno de nobles, trileros y traficantes se desenvuelve un José Ortega que es, a un mismo tiempo, un homenaje a la figura del periodista clásico y un continuador de una tradición tan española como la del buscavidas. “En El mentalista de Hitler quise hacer un homenaje a los grandes periodistas españoles de los años 30 como Chaves Nogales, Eugeni Xammar o Augusto Assia. En esta novela, el hecho de que el narrador sea un periodista, aunque no ejerza en ese momento, le permite acceder a un tipo de información que otra persona tendría más difícil obtener. También me hace ilusión que, como Tintín, tenga ese punto de reportero curioso. Ortega es una mezcla de pillo y de pardillo. También de diletante. Es un tipo corriente con cierto encanto al que falta ambición para ser un gran periodista, pero que cuando surge una buena oportunidad intenta aprovecharse de ella, aunque también peque de inocente. Trata de resistirse a la tentación pero acaba por sucumbir más a menudo de lo que le gustaría”.

Esa mezcla de personajes permite a Posadas tejer en El mercader de la muerte un fresco sobre la naturaleza humana completamente atemporal. “Como bien dice Zaharoff en la novela, ni él inventó la guerra ni desaparecieron los conflictos cuando murió. Los seres humanos seguimos siendo mezquinos y sublimes, capaces de lo mejor y de lo peor: El impulso que nos lleva a crear obras de arte, a conquistar la montaña más alta o a descubrir una vacuna es el mismo que en muchos casos nos lleva a codiciar los bienes ajenos y a recurrir a la violencia o la extorsión para conseguirlos”.

Para acompañar a la lectura de El mercader de la muerte, Gervasio Posadas nos propone varios libros que le han servido para proporcionarle el tono que buscaba a su novela.

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