Los libros que han salvado a Ken Follett durante el confinamiento

Ken Follett lleva siete meses sin salir de su casa. “No voy a ningún sitio desde marzo”, confirma a través de una videollamada desde la misma habitación en la que trabaja. “Por las mañanas no noto la diferencia, me siento aquí mismo y escribo. Las tardes sí que han cambiado, no veo a mis amigos, no voy a restaurantes ni al teatro. Y parte de mi familia vive en EE UU, así que no puedo ir a verles. Eso es sin duda lo que echo de menos”, confiesa. Desde allí ha dado los últimos toques a Las tinieblas y el alba, otra de sus extensas novelas históricas y en la que regresa a un territorio conocido, el Kingsbridge que nos presentó en su celebérrima Los pilares de la Tierra. Pero, en lugar de retomar la vida de esa ficticia ciudad inglesa donde lo dejó, ha decidido ir más hacia atrás, en busca de sus orígenes.

“Me gustaba la idea de contar cómo pasó de ser menos que un pueblecito, simplemente un asentamiento, hasta convertirse en un lugar próspero e importante. Ahí tenía dos grandes fuentes de drama y de interés para mí”, explica Follett, que además encontró el momento histórico perfecto para una trama llena de turbulencias sociales. “Es el final de la Edad Oscura y el comienzo de la Edad Media, un momento crucial en la historia de Europa y en la de Inglaterra. En ese momento había tres facciones compitiendo por el poder: los anglosajones, que vivían allí, los vikingos, que saquearon, robaron y mataron a mucha gente, y los normandos, que probablemente eran la civilización más sofisticada en el noroeste de Europa en aquel momento, y que simplemente estaban al otro lado del mar esperando el momento para tomar el control. Algo que, como sabemos, acabaron haciendo. Por lo tanto, era un contexto tremendamente dramático”.

Como es habitual en la obra del británico, en Las tinieblas y el alba seguimos las peripecias de varios personajes, pero es en el paisaje de fondo donde encontramos una recreación minuciosa de la vida a finales del siglo X. “Siempre me interesa mucho saber cómo vivía la gente en esa época, cómo actuaban, qué comían, qué bebían, cómo se vestían, cómo eran sus casas, sus muebles… Todos esos detalles le recuerdan de manera cuidadosa al lector que están en una época concreta del pasado”, explica Follet, que suele emplear “más o menos un año” en documentarse para sus novelas. “Planeo todo muy detalladamente antes de escribir, qué pasa en cada capítulo y quién aparece en él. Al mismo tiempo, hago un trabajo de documentación, de manera que ambas cosas se retroalimentan. A veces estoy planeando una escena y me doy cuenta de que no sé lo suficiente sobre algún aspecto, así que leo un libro sobre ese tema, y a menudo ese libro me resuelve mis dudas pero también me da ideas para otra escena. Siempre le dedico a esta fase todo el tiempo que sea necesario, porque cuanto más preparo el libro, más sencilla es la fase de escritura”.

Las tinieblas y el alma funciona, como casi todas las obras de Follett, en varios niveles. “Los sentimientos básicos son los mismos ahora mismo que hace mil años”, explica sobre la parte humana. “Antes y ahora nos preocupamos por el amor, el matrimonio, la familia, el dinero y el trabajo, y la violencia y la guerra. Esas son las cosas que siempre han preocupado a la gente en cualquier periodo de la Historia y, si escribes sobre esos aspectos, incluso en el pasado, los lectores se identifican inmediatamente con ellos”. Aumentando la lupa, vemos los grandes movimientos de la historia y, como en este caso, la lucha entre el progreso y el inmovilismo. “Si vamos hacia atrás en la Historia, vemos que ha habido algunas regresiones serias. La Edad Oscura fue una, 500 años sin casi ningún progreso”, apunta. “Esto puede pasar durante un periodo de tiempo largo, pero normalmente vemos que existe un progreso, que damos dos pasos hacia delante y un paso hacia detrás. Pero siempre acabamos llegando a un lugar mejor. No puedo decir si esto va a seguir sucediendo, pero espero que así sea”.

Preguntado por si ahora estamos viviendo uno de esos “pasos hacia atrás”, Follet no duda su respuesta: «Sí, definitivamente, ahora mismo vamos hacia atrás. El auge del nacionalismo, del odio, en EE UU y Europa da miedo. En India existe nacionalismo hindú, ¡por amor de Dios! En China se persigue a los musulmanes… Parece que estamos entrando en una nueva era de odio. Espero que sea un fenómeno temporal, que Biden gane las elecciones en EE UU, que los fascistas europeos no obtengan más votos, y que el gobierno chino sea menos autoritario. Esa es mi esperanza, pero ¿quién sabe?”.

Por eso, afirma, es más importante que nunca saber de dónde venimos. “Mucha gente desconoce nuestro pasado. Queda muy poca gente con vida que viviese el horror de la II Guerra Mundial, o la guerra civil en España. La gente que vivió esa época está muriendo, y hay pocos jóvenes que conozcan la Historia. Creen que es aburrida, y no les culpo: cuando yo estaba en el colegio también pensaba que la Historia era aburrida. Pero si no sabes cómo creció el fascismo en Europa, en países civilizados, entre gente que no era muy diferente a nosotros, no tienes una noción clara de lo dañino que fue. Hay gente que piensa que esas cosas no te pueden llevar a una guerra, y ese tipo de nacionalismo agresivo, ese odio, siempre termina con gente matándose los unos a los otros. Yo eso lo sé porque he estudiado la Historia, no estaba vivo en la II Guerra Mundial, pero mis padres me hablaron de ella. Ahora hay mucha gente que no tiene una noción clara de cómo sucedió, que no saben a lo que deberían tener miedo”.

Estantería

La opinión de los usuarios

2 Opiniones

vi

violeta10 08 octubre 2020

Respecto a las traducciones, no hay ninguna que se salve. Aparte de que ahora rodos son leistas, en realidad no se traslada a nuestra lengua, sino que utilizan palbras españolas para seguir con todas las estructuras del inglés.
Penoso de verdad. No creo que sea tan dificil molestarse un poco. ¡si Lazaro Carreter levantara la cabeza!

zu

zurmarin 08 octubre 2020

Me parece vergonzoso la poca profesionalidad del traductor/a de este artículo. Es inconcebible que esté plagado de faltas de ortografía que hacen daño a la vista. Me limitaré a un simple ejemplo: en la línea 3 del segundo párrafo prospero se acentúa y Hay no es el verbo haber sino Ahí, adverbio de lugar. En fin, espero que sean más cuidadosos en futuros artículos.

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