Novelas negras para los que no leen novela negra

Pese a que es uno de los géneros con mayor número de seguidores, no todo el mundo se deja atrapar por la novela negra. El gran número de obras que se publica cada mes, unido a un determinado canon que puede hacer que muchos títulos se parezcan demasiado entre ellos, ha hecho desconfiar a muchos lectores. Hasta una de las grandes autoras del noir como Donna Leon nos confesó en esta entrevista que ella apenas leía novela negra y que muchas de ellas estaban “muy mal escritas”. Pero, por supuesto, hay mucho más que eso. Si eres de esos lectores o lectoras que enarca una ceja cuando ve una sinopsis que habla de detectives atormentados, de comisarios de policía o de periodistas que se proponen averiguar al autor de un crimen, hemos seleccionado para ti una buena tanda de novelas que afrontan los misterios del noir desde perspectivas muy distintas.

Yeruldelgger es (o fue, en esta ocasión) comisario de policía, sí, pero es uno muy poco habitual. Para comenzar, porque estamos en Mongolia, un escenario muy alejado de los patrones habituales del noir, y porque en Yeruldelgger, la muerte nómada se ha retirado al desierto del Gobi. En esta novela de Ian Manook asistimos a una trama que mezcla corrupción política, oscuros intereses empresariales y el pasado de un país tan remoto como muchas veces desconocido. Cocinar un oso también nos traslada a un escenario diferente: el norte de Suecia en 1852, donde un pastor y su joven amigo descubren el cadáver de una chica que, en principio, parece haber sido atacada por un oso, pero sus sospechas desencadenan una investigación en la que no se toman huellas dactilares ni hay interrogatorios policiales.

Otra aproximación atípica al género es La promesa de Kamil Modráček, en la cual viajamos a la República Checa en la década de 1950. Bajo el régimen estalinista, un arquitecto está decidido a develar quien ha asesinado a su hermana, una joven pintora, en una obra que radiografía un momento político y social. Y en El clan Inagumi, es el Japón de la década de 1940 el lugar en el que se desencadena una serie de crímenes misteriosos justo después de la muerte del patriarca de una poderosa familia.

Si Borges apreciaba la novela negra porque suponía “un problema intelectual”, otros grandes escritores latinoamericanos también se han acercado a este género desde distintas perspectivas. En Dos crímenes, Jorge Ibergüengoitia le da la vuelta a muchos de los clichés del género con un personaje que huye al saberse acusado de un crimen que no ha cometido, en el comienzo de una oscura trama de ambiciones y trasfondo político. Compuesta de tres novelas breves, Variaciones en Rojo, de Rodolfo Walsh, nos presenta tres crímenes investigados por un policía y el corrector de textos de una editorial. El misterio de la orquídea calavera, de Élmer Mendoza, parte de un secuestro, el del padre del protagonista, que con apenas 18 años debe ser el encargado de negociar su liberación.

En su serie protagonizada por el detective Zarco, Marta Sanz también ha demostrado cómo la novela negra puede ser el vehículo en el que se traten diversos temas que van más allá de los crímenes y los misterios. Por ejemplo, en Black, black, black hay un asesinato, pero sobre todo el trasfondo de la violencia del sistema y de las fracturas de nuestra sociedad. La mujer de un solo hombre, por su parte, comienza con un matrimonio idílico que empieza a fracturarse y el misterio aflora de las rendijas de esa ralación.

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