Novelas negras que nos hacen viajar al futuro

La novela negra nació como un género muy delimitado, que fue sentando unos cánones que han sido reinterpretados sucesivamente a lo largo de décadas. Pero, si bien las historias de detectives privados, policías y asesinatos misteriosos siguen teniendo un lugar destacado en las librerías, en los últimos tiempos han surgido numerosos autores y autoras que buscan darle una vuelta de tuerca a las tramas de misterio y crimen. Ya sea situando sus historias en tiempos pasados, buscando personajes que se alejan de los estereotipos o, como en el caso que nos ocupa ahora, mezclando elementos del noir con los de la ciencia ficción o la distopía, la novela negra sigue expandiendo sus límites, incluso llegando al futuro.

Con un precedente como el de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Rosa Montero moldeó a su Bruna Husky, detective y replicante que, a lo largo de tres novelas, se enfrenta a casos que nos muestran los males de una sociedad futura que no es sino un reflejo de nuestros tiempos. Otro referente muy distinto, el Cortázar del relato La autopista del sur, es el que toma Jesús Cañadas en Pronto será de noche. En un atasco infinito, como en el cuento del escritor argentino, pero en una situación apocalíptica y desesperada, un policía investiga el asesinato de uno de los conductores que intentaban escapar de lo que parece el fin de los tiempos.

Si hay un escritor reciente que ha desafiado las limitaciones de género, combinando thriller, historia, ciencia ficción, fantasía y noir, ese es China Mieville. En La ciudad y la ciudad, quizás su obra más conocida, un inspector investiga un crimen en dos ciudades que comparten el mismo espacio, conviviendo en dos planos de realidad no exentos de fricciones. Otro autor que no conoce límites estilísticos es David Llorente, quien en Europa nos muestra los peligros a los que se enfrenta la sociedad actual desde una perspectiva futurista.

El fin del mundo, ese tema que aparece en tantas obras de ficción en los últimos tiempos, es el telón de fondo de Los últimos, la novela en la que Hanna Jameson en la que un grupo de personas se quedan atrapadas en un hotel de Suiza a la espera de poder contactar con sus familias, momento en el que aparece el cadáver de una niña. En Voz, de Christina Dalcher, el mundo no llega a su fin, pero la sociedad que nos presenta no es muy alentadora, en especial para las mujeres, que ven limitada a 100 el número de palabras que pueden pronunciar al día. Una neurolingüista a la que se levanta esta prohibición para investigar un extraño caso de afasia descubrirá una perversa trama.

Un mundo poblado de personalidades virtuales es el que nos presenta el chileno Roberto Sanhueza en El año del gato, obra en la que juega con los clichés del género detectivesco. Y un mundo parecido al nuestro, pero en el que no existe la amenaza terrorista, es el escenario de Osama, la novela en la que Lavie Thidar nos presenta a un detective que debe encontrar al autor de una serie de novelas pulp protagonizadas por un personaje llamado.. Osama Bin Laden.

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