¿Te atreves a adentrarte en el universo de Karl Ove Knausgård?

¿Te atreves a adentrarte en el universo de Karl Ove Knausgård? El autor noruego emprendió en 2009 un proyecto literario sin igual, Mi lucha, una serie de seis novelas que conformarán su autobiografía. En ellas, el autor se embarca en una exploración proustiana y desmenuza la historia de su propia vida hasta obtener las «partículas elementales». El resultado es una historia universal de los combates que todos debemos librar, una obra tan profunda como absorbente escrita como si la propia vida de su autor estuviera en juego. En la última de ellas, Fin, publicada en junio de 2019, redobla esfuerzos para conseguir un cierre a la altura de toda la obraamplificando las propiedades más relevantes del estilo knausgårdiano: su maximalismo, su libertad formal y expresiva, su transparencia, su urgencia sin maquillar, su capacidad para englobar todo lo que bulle y late en una vida.

Convertido en fenómeno editorial desde su primera publicación en Noruega, en poco tiempo ha obtenido numerosos galardones y una cantidad insólita de lectores, además de un gran número de traducciones.

Esta semana queremos proponerte hacer un repaso por toda la saga. Todo comenzó en 2016 con La muerte del padre, la primera parte de Mi lucha, en la que Knausgård deambula entre sus frustraciones actuales y su relación con su familia y el pasado, cuando su padre tenía la misma edad que él ahora.

De la muerte a la vida. De ser hijo a ser padre. Éste es el paso de Knausgård en Un hombre enamorado, la segunda parte. En este libro nos cuenta la etapa de su vida en la que deja a su mujer, deja Noruega y todo lo que conoce, y se marcha a Estocolmo. Y allí vuelve a encontrarse con Linda, una bella poeta que le había fascinado años antes.

La tercera parte, La isla de la infancia, arranca situándonos en la isla de Tromøya en el verano de 1969, donde un Karl Ove de ocho meses llega en un carrito empujado por su madre. A partir de ahí, el autor nos hace partícipes de un zigzagueante y encendido recuento de experiencias y descubrimientos

Corre el tiempo, cambian las edades, los escenarios; y cuando se abre Bailando en la oscuridad, el cuarto volumen de la saga, Karl Ove Knausgård tiene dieciocho años y acaba de bajar del avión que lo ha colocado un poco más cerca de su destino. Se llama Håfjord, un minúsculo pueblecito del norte de Noruega donde le espera un puesto como maestro, y la promesa de una paz que le permita entregarse a su recién descubierta vocación: la de escribir.

En Tiene que llover, quinta parte, se abre un camino que empieza en 1988 y termina catorce años más tarde. Descubrimos a un veinteañero Karl Ove convertido en el alumno más joven de la Academia de Escritura de la ciudad, y pletórico de un entusiasmo que no tarda en abandonarle. Y es que el precoz novelista se revela inepto en todos los frentes: el social, el amoroso, el literario.

Y llegamos al último volumen, Fin, que nos devuelve al principio, y en el que nos encontramos a un Knausgård que acaba de volcar sus ansiedades (y exponer a sus allegados) en La muerte del padre, el primero, y se dispone a publicarla. Y, de pronto, una bomba anunciada por dos palabras, «Violación verbal», que encabezan el e-mail que a Knausgård le manda su tío Gunnar: un e-mail que lo acusa de haber escrito un libro lleno de mentiras bajo el influjo adoctrinador de su madre, y que anuncia medidas legales si este llega a ver la luz. Una bomba que sacude al autor e impacta contra la línea de flotación de su proyecto, que busca poner la memoria al servicio de la honestidad.

Y, a raíz de ello, el Knausgård más minucioso y exhaustivo, el más desenvuelto y proteico, capaz de entreverar su hiperrealismo doméstico de variadísimas reflexiones y derivas ensayísticas, inicia un excurso de una osadía casi desafiante y una inusual capacidad asociativa donde del peso del nombre en la familia y en la construcción de la identidad se pasa a su peso en la literatura, y de ahí al Holocausto y a Hitler y su Mi lucha, examinando las formas a veces perversas en que puede influir en la realidad la palabra.

«Fascinante» (Alex Clark, The Guardian).

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